viernes, 16 de marzo de 2012

DGA Force y Los círculos de Deem

DGA Force En la magia como en la vida no se pueden cometer excesos. Muchos de ellos pueden llevar a la locura, o incluso aumentarla. Es la historia de DGA Force. El mundo ha sido controlado casi en su totalidad por una adolescente maniática y caprichosa que, valiéndose del poder mágico que llevaba intimidó a las autoridades del planeta. Fue asi como Aguirra, la chica mágica, se adueñó del planeta Tierra. Ella no era oriunda de allí. Su procedencia se remite a muchos años luz de distancia, la Constelación de Orión. Allí un planeta verde orbita una estrella amarilla llamada Aguirrus. Su nombre era Aguirrus-4 o simplemente Aguirrus. Este cuerpo celeste no albergaba ciudades ni tampoco regía bajo autoridades, excepto el General al mando. La función de Aguirrus-4 era preparar soldados para enviarlos a distintos planetas que se encontraran en colapso bélico. Un enorme cuartel que servía como ejecutor del orden en los más remotos puntos del Universo. Era el turno de la Tierra, un planeta ubicado en el cuadrante X-100 de la constelación de Perseo. Es el año 2983 en ese remoto punto de la Vía Láctea. Se produce la denominada Guerra Fría o simplemente 3era Guerra Mundial. Esta guerra tuvo un impacto muy negativo en la población humana, siendo la principal responsable de un retroceso cultural y tecnológico que devolvió el planeta al siglo XX. Todos en el cuartel general sabían de los trastornos de Aguirra, por eso enviaron junto a la chica al Teniente Aguirre, un burócrata de la zona C de Aguirrus-4. Su función hasta ese entonces era firmar los papeles para enviar a los soldados. Había llegado su turno. Al llegar a la Tierra, las cosas parecían relativamente fáciles de controlar. Los provenientes de Orión habían puesto paños fríos al problema y de a poco las cosas fueron calmándose. Pero llegó un día en el que las cosas cambiaron. Era ya noche en la selva vietnamita. La Aguirra luchaba contra soldados rusos, que la superaban numéricamente y físicamente, junto a Aguirre, que tampoco tenía la situación controlada. De repente, ella forcejea con uno de ellos y cae al matorral. Un silencio se produjo, pero no volvió a aparecer. Aguirre la daba por muerta. Muerta? Eso estaba muy lejos de la realidad. Su trastorno bipolar, ya conocido por todos, llegó a su punto cúlmine: se había vuelto vil y despiadada. La verdad en esta historia era que, aún pasando por un período de neutralidad, ella nunca había sido buena. Sus actitudes jamás habían sido de alguien con un buen corazón. Pasó el tiempo, y Aguirre ascendía rangos en los Marines Norteamericanos. Llegó el día en el que fue nombrado líder del escuadrón AA “Anti Aguirra”, enviado a Vietnam, para luchar con una extraña legión de payasos armados con rifles. Cuando se les fue presentada la imagen de la chica que era responsable de los estragos en el mundo, el Teniente se dio cuenta de la situación. No era un escuadrón armado el que la derrotaría. No se trataba de un terrorista, se trataba de una hechicera vil. Al ser enviados a éste país asiático, se produjeron las distintas luchas contra los payasos, los denominados “Clown Rangers”, una de las cosas raras que ella enviaba para atormentar a la población, como los Ratziguns, criaturas del más allá, transparentes de día, dantescas en la noche. El resultado fue devastador, solamente Aguirre sobrevivió a la matanza en manos de los Clowns. Fue asi que decidió, contra el deseo del General, abandonar la guerra y emprender el camino por sí solo. Conoce entonces, al Diablero, un Coronel que fue expulsado injustamente del ejército Tailandés, y al Garrón, peculiar soldado que fue encarcelado por una trampa de la Aguirra en la cárcel de Guantánamo. Asi se forma el escuadrón DGA, el encargado de detener a la Aguirra y devolver la paz al mundo. Conocerán, en esta travesía, a otros personajes que se les añadirán, hasta llegar el momento en que Corvus, el francotirador ruso, se añada al equipo. Esto no será fácil, tendrán que acostumbrarse a ver y sentir cosas que jamás han vivido. La Aguirra no era una villana cualquiera y estará dispuesta a todo por destruir al equipo y conquistar el planeta. Santiago Aguirre El autor Círculos de Deem En muchos libros de magia antigua, se describen tres círculos mitológicos denominados “Deem”, por el mago, que según cuentan, los esparció accidentalmente por el Planeta Tierra. Nadie sabe exactamente que son ni que funciones cumplen, pero lo que se rumorea desde remotos tiempos de la historia es que si alguien es capaz de encontrar a los tres, tendrá un poder tan inmenso que podrá conquistar a todo el Universo conocido valiéndose de la magia. He aquí lo narrado por un antiguo hechicero de muchos siglos atrás, que explica con sus palabras lo que son los círculos de Deem. Raro es, que el mismo día que dejó este dictado, nunca más apareció: “Tres estrellas me han guiado para venir aquí, tres puestas de Sol me han ayudado a saber lo que son en realidad estas piezas. Marvin, el mago, es él. No sé quién pudo haber sido este ser, pero es por su causa que la magia no está unificada en un solo elemento. Se puso como nombre Deem, por ser un mensaje subliminal de magia negra. Meed, es el hechicero que controla el inframundo mágico. Es una roca rústica. En el medio se encuentra una estrella de cinco puntas la cual apunta a todas direcciones. Rodeándola, hay tres círculos. Cada círculo se encuentra más alejado de las puntas de la estrella mágica, denominada Persix. El primer círculo corresponde pura y exclusivamente a la magia. Su nombre es Mysticum. Tiene como potencial máximo el uso de las varitas y hechizos para lograr los cometidos. Solo una persona en el mundo tiene la capacidad de usar este instrumento. Dicen que fue el dragón Yamaska el que, con un suspiro de fuego, creó este anillo que bordea a la estrella. Sobre el dragón, venía el mago Mitsky, que lanzó su varita al centro de la estrella, haciéndola girar sobre si misma siete veces. El segundo círculo, y bastante próximo al primero, se llama Telekinesium. Su poder es inmenso, tanto como el Mysticum, siendo la diferencia que este es el que menos mágico parece. El potencial de Telekinesium es el de controlar las mentes humanas débiles. El que posea este círculo, podrá ser capaz de leer mentes y de hipnotizar a la mente más susceptible de un grupo de personas. Esta persona débil, convencerá a los demás de hacer lo que éste mago diga y vencerá sin necesidad de usar la fuerza física. Cuando este poder falla, tiene además la posibilidad de volverse invisible y escapar sin que nadie se de cuenta. También, este poder pertenece a una sola persona. Nadie sabe exactamente como se manifiesta, pero dicen que quién tenga el círculo, podrá controlar a un gran número de personas. Su creación se debe a un error de un antiguo alquimista medieval, el cual podía leer las mentes humanas. Al morir puso su elixir de la telekinesis sobre la estantería. Un simple movimiento la lanzó al piso y esta se evaporó. Y el tercero. Este es el más alejado de lo mágico y más cercano a lo espiritual. Su nombre es Amazum, el de la fuerza, el del poder mitológico. El poder no pertenece a una sola persona, por lo que veo en este momento, sino que por su potencial, debe ser dividido. No ha sido nunca encontrado y su procedencia es dudosa. Convierte al que la posea, en un semidiós. No hay mucha información sobre Amazum, pero sin lugar a dudas, el que tenga el círculo, podrá luchar con los mismos poderes que los círculos cercanos a la magia. Nadie sabe como estos círculos se juntaron, ya que se formaron en tiempos distintos y en lugares distintos. La leyenda, cuenta que cuando Persix cayó del cielo, atrajo con su poder a los tres círculos que se encontraban dispersos por el planeta. Luego de que Marvin los volviera a esparcir por la Tierra, Persix se marchó hacia el cielo nuevamente. Encontrar a la estrella Persix reuniría nuevamente a los tres círculos y volvería invencible a la persona. Es complicado. Sin embargo, no es imposible.” Carta del hechicero Prixiton creada en un año que aún desconocemos. Fue encontrada en su escritorio luego de que misteriosamente, desapareciera de la faz de la Tierra sin dejar rastros. El deber de DGA, al menos en esta historia, es evitar que la hechicera Aguirra conquiste los tres círculos. Esperemos que lo hagan, porque si no, no habrá un mañana que disfrutar. I “El encuentro de los traicionados” En este capítulo, más específicamente una introducción, se inicia la travesía de Aguirre. Luego de desafiliarse del ejército norteamericano por diferencias, decide marcharse y emprender su viaje solo en busca de la Aguirra. Los elfos proféticos le anticipan la llegada de Diablero, iniciando su propio escuadrón. La historia transcurre en el año 2983, donde la 2da Guerra Fría llevó al planeta a un colapso tecnológico y cultural, retrocediendo siglos en ese aspecto. El mundo entero no parece encontrarse en un año tan avanzado como sus calendarios lo indican. Es el año 2983 ¡Rayos! Algo anda mal por aquí. Los vehículos, la tecnología, nada es igual en un planeta queentró en decadencia. Los bloques capitalistas y comunistas nuevamente han entrado en conflicto luego de siglos de paz. Se sabía que esto podría pasar. Las armas del siglo 30 son altamente poderosas y destructivas. Una de ellas, tenía el poder de enviar al pasado a la humanidad, controlar el tiempo. “Cronos”, como se denominó, fue lanzada en el océano Pacífico en el año 2700, llevando así a la Tierra 740 años en el pasado. La guerra continuó, con un paisaje de 7 siglos atrás, pero ya nada era lo mismo. Los humanos vivían con miedo. Llegó la guerra hasta un punto en que ninguno de los dos se encontraba estable económicamente para continuar, además, claro de la destrucción que se veía por todos lados. Fue así, como la alarma del planeta cuartel, ubicado en la constelación de Orión, sonó fuertemente. Este planeta tenía la misión de controlar y volver a llevar la paz a planetas que lo necesitaban. La costumbre era llevar a solo un soldado a dominar el planeta, pero en este caso dos personas fueron llevadas a la Tierra. Una chica y un chico. Sin embargo, nadie sabe porqué, la chica salió de control y se perdió en la selva. El Teniente Aguirre, como se llamaba, tuvo que continuar la misión, alistándose en los Marines norteamericanos. Pasó el tiempo, y la misión Aguirra (como se llamaba) fue llevada a cabo. Ella había conquistado con magia a todo el bloque comunista y avivó nuevamente la guerra. Aguirre fue enviado con un grupo de soldados a Vietnam, el punto clave de la guerra, donde Aguirra enviaba criaturas sobrenaturales a atormentar a las personas, y esto fue lo que sucedió… La tormenta se avecina, una marejada de soldados payasos lo persigue. Sus pasos son cada vez más rápidos pero sus esperanzas a medida que pasa el tiempo van disminuyendo. Su escuadrón ha sido totalmente derrotado. Aguirre ya no cree ni siquiera en si mismo, aunque desde la base norteamericana aún deciden poner fichas en él: - Aguirre a Base, cambio – dijo en su radio. - Base a Aguirre, que sucede – respondió una voz ronca, la que se suponía, era del General al mando en ese momento. - Señor, ya las cosas no están fáciles, los Clowns me siguen por todas partes, ¡ya no tengo salida! - Continúa firme, tienes que seguir con la misión ¿Sabes cuantos millones de dólares gastamos en esto? - Eres tan imbécil como los que creyeron que los simples mortales podrían luchar contra criaturas sobrenaturales. - Son payasos de circo, Teniente, no hay de que preocuparse. - ¡Idiota! ¡No son humanos! ¡Ellos no son inmortales, pero son infinitos! - Continuarás con esta misión o la pagarás caro. - ¡Al diablo con tus amenazas! ¡Moriré de todas formas! Aguirre cortó la comunicación. Ya no había forma de luchar contra estos soldados, los cuales poseían en sus rostros constantemente una macabra sonrisa. Los ojos de estos extraños seres estaban tan perdidos como Aguirre. Fueron programados exclusivamente para matarlo a él, y ya se había dado cuenta de la situación. Pero dentro de sí mismo sabía quién era la responsable y los motivos para detenerlo. Con mucho vigor, corrió entre aquella frondosa selva hasta tropezar en un tramo. Acoplándose a su mala suerte, una pendiente se hizo ver. Rodó por unos segundos hasta detenerse. Malherido, logró levantarse y continuar caminando, cojo. Su meta, era llegar a Tailandia. Vietnam era producto de intensos bombardeos entre la Unión Soviética y Estados Unidos de Norteamérica, en plena Guerra Fría. La Aguirra, dominando el mundo comunista, de a poco se adueñaba del Oriente del planeta. Era cuestión de tiempo para que se adueñara del resto de la Tierra. Tanto Aguirre como Aguirra provenían de un lejano planeta, llamado Aguirrus-4, cuyo nombre se debe a la estrella en torno a la cual se encuentra orbitando, una enana amarilla de similares características a la de nuestro Sol, cuyo sistema se encuentra en la Constelación de Orión, a aproximadamente 1500 años luz de nuestro mundo. Si vamos en una nave espacial, a algunos cientos de miles de kilómetros de distancia, podremos apreciar una enorme bola verde alternando gamas de este color. Los habitantes son de estructura humana, ya que, según una antigua historia, los guerreros vikingos lograron mantener alguna especie de comunicación con seres intergalácticos que les ofreció llevar algunos de ellos a su planeta. Así surgió, y es el centro principal de entrenamiento militar del espacio sideral. Aguirre tenía dos opciones: volver a Norteamérica y aceptar el castigo, que seguramente sería la pena de muerte por desertor, o comenzar un trayecto por si solo hasta encontrar a su antigua compañera de misión y detener esta locura. Cortando la maleza con su cuchillo, logró avistar a algunos metros de distancia un jeep militar dentro del cual se encontraban descansando dos soldados asiáticos. Estaba desesperado, y capaz de cometer alguna locura para poder llegar a su destino: Bangkok. Comenzó a cargar su rifle de asalto ACR mientras lentamente caminaba hacia allí. Los soldados dormían profundamente, y no se esperaban que algo así sucediera. Un hombre se acercó a la ventana y les preguntó: - ¿Me entregan el auto? - ¡Claro que no! – le respondió el que lo conducía, obviamente, luego de un gran susto. - ¿Es tu última decisión? – Le preguntó apuntándole su rifle a la cabeza – salgan del auto. El soldado le hizo seña al otro para que bajara junto a él: - Ahora dejen sus armas donde pueda verlas – les ordenó. Ellos dejaron sus rifles en el piso: - Y también todo el dinero que tengan, lo necesito. Ellos sacaron todos los billetes que tenían en su bolsillo y salieron corriendo: - No saben ni siquiera luchar – se dijo a sí mismo. La llave del jeep continuaba dentro, y esto le ahorró al Teniente el trabajo de encender el motor clandestinamente. Su trayecto continuó hasta la capital, Hanoi, donde debía reabastecerse para continuar con su camino. Con algo de combustible llegó hasta la capital vietnamita, la cual mostraba un paisaje apocalíptico producto de la guerra, la gente imploraba por paz mientras la Aguirra continuaba tratando de dominar el mundo, pisoteando incluso gobiernos que hasta ese entonces eran estables. Una taberna cerca de allí fue el lugar perfecto para analizar cuáles serían los pasos a seguir. Era verdad, no había mucho que hacer luego de haber quedado sólo pero aun así, hasta un Teniente del Ejército puede creer en milagros. Sentado en la barra, una mujer se acercó a él: - ¿Le sirvo café, señor? - Si, gracias – le respondió observándola por una milésima de segundo. La taza se encontraba serena frente a sus ojos, las cosas se habían calmado en esa zona del país temporalmente, pero era cuestión de tiempo para que volviera a suceder, un ataque del escuadrón de la Aguirra. A él ya le estaba pareciendo extraño que nada estuviera sucediendo sabiendo de la maldad de la chica. Casualidad o causalidad, quien sabe, pero en ese instante un terremoto comenzó a aterrorizar a la población. La gente huía con miedo, pero cuando Aguirre salió a la ventana, no aparecía absolutamente nada, no habían bombardeos, bombas de gas, disparos, nada. Pero algo lo sorprendió cuando observó un poco más detenidamente el cielo, alcanzó a ver unos extraños seres sobrenaturales translúcidos que atacaban a las personas: - Rayos, volvieron – pensó para sí mismo. Con un poco de suerte, tomó su ACR y se subió al jeep. Esos fantasmas que la Aguirra enviaba no eran más que seres traídos del más allá invocados por algún tipo de ritual. No poseían nombre, pero la gente del lugar los llamaba Ratziguns, un neologismo vietnamita. Los Ratziguns esporádicamente atacaban a la población, eran demasiado transparentes para ser vistos a la luz del día y su verdadera forma se podía apreciar a la noche. Sus rostros expresaban lo más dantesco del más allá. No se los podía mirar a los ojos porque los humanos no estaban aún listos. Para evitar algún tipo de contacto visual, las personas se lanzaban al suelo y cerraban los ojos. Era una imagen ya frecuente en la ciudad y esto atemorizaba aún más las personas. Aguirre se subió a su jeep y condujo algunos kilómetros hasta alejarse de allí. En un punto seguro, bajó y caminó hacia un pequeño sendero, surcado por árboles. Miró hacia el horizonte y pensó: - Tailandia, deberé llegar hasta ahí. Sacó una petaca de Vodka y tomando un sorbo, volvió a subirse al vehículo. El sol era intenso por ese entonces, los finales de los 80 marcaban el fin de una década y el inicio de una etapa oscura en la historia. Una vez más, la Aguirra se apoderaba del pensamiento mundial y no había tiempo que perder. La idea era llegar a Tailandia y comenzar una travesía por si solo. Por que Tailandia? Simple. Era el país increíblemente más estable por aquel entonces. Quizás instalarse en una granja que sembrara arroz sería la mejor idea, por lo menos no lo buscaría el Gobierno en ese lugar. Mientras conducía el vehículo, encendió la radio y logró escuchar, de manera un poco difusa, las noticias de ese día: - Hanoi es otra vez atacado por Aguirra! – decía el locutor desesperado – los Ratziguns continúan azotando a la población y causando destrozos! - Oh por Dios – pensaba tomándose la frente – no se detendrá jamás. Era la primera vez que lo nombraba en su vida, Aguirre siempre fue ateo. Amaba la química y la ciencia como nadie y era en eso que invertía su poco tiempo libre. En fin, su viaje continuó. A la mitad del camino, un hotel de mala muerte aparecía entre los árboles, algo extraño sabiendo que en la selva vietnamita era muy complicado encontrar civilización, aunque la noche se veía venir y no había otra opción que descansar. Su jeep se detuvo en ese lugar. Abriendo las puertas, observó que no había nada más que una mesa, las luces estaban a medio encender, alternándose entre prendido y apagado. No era sorpresivo, las cosas electricas no funcionaban muy bien debido al deterioro del sistema. Una mujer de aproximadamente 70 años, deteriorada por el sol y con el cabello blanco como la nieve, llegó hacia él: - En que te ayudo? - Necesito un dormitorio, por esta noche. - Está bien – le respondió – son 6 baths. - Tome – sacando dos billetes de su bolsillo. Los baths son la moneda de Tailandia, extrañamente coincidió que el dinero que había tomado de los soldados era del mismo tipo que los que la mujer pedía, así que esto facilitó mucho mas las cosas. La única maleta que llevaba era la que contenía su tan amado rifle ACR, ese mismo que lo acompañó en situaciones muy difíciles, pero no tanto como la que él vivía en ese momento. Estaba solo, tan solo como la última hoja que cae en el otoño. Con sumo cuidado, dejó su arma en el piso y se acostó a dormir. A la mitad de la noche, el calor era muy intenso, y éste comenzó a sentirse incómodo. Aún se mantenía en un estado intermedio entre el sueño y la realidad cuando unos extraños hombrecillos verdes comenzaron a saltar sobre su cama. Enseguida se despertó y dijo: - Que rayos! Pero no respondían, solo saltaban. Su apariencia era humana pero sus facciones eran monstruosas: - Quienes son?! - Somos los elfos proféticos! Jajaja! – reían casi simultáneamente. - Elfos? Debo estar soñando, que quieren? – les preguntó. - No estás soñando Aguirre – seguían riéndose – estás cerca de encontrar la verdad! - Verdad? Que verdad? - Tu escuadrón se formará – decía uno de ellos. - Y la oscuridad acabará – agregaba otro. - Y todos te terminarán alabando y a ti a todos, Yamansen, profeticus! Aguirrus seremos! - Oigan! Que dicen! En ese momento desaparecieron. Fue como un extraño sueño aunque él se mantenía despierto, y aún más confundido de lo que ya estaba. Extrañas profesías se le habían revelado por medio de elfos que por alguna razón, decidieron comunicarle eso. Escuadrón? Oscuridad? Que significaban estas palabras para una persona que en esos momentos se encontraba sumergido en un mar de dudas y reflexiones? El destino sería el encargado de responder esas preguntas. Aunque vagas, la palabra de los elfos había llenado de esperanza a Aguirre, o algo parecido. Al amanecer, junto a la salida del inmenso astro rey, Aguirre se levantó y bajó a recepción. Ante la mirada atenta de la misma mujer del día anterior, salió por la puerta y se subió nuevamente a su jeep. El trayecto, cargado de obstáculos como piedras y animales que se interponían, llegó a su fin cuando a lo lejos, avistó la capital tailandesa: Bangcok: - Perfecto – pensó. Era en ese mismo lugar, donde una situación inusual se vivía en el ejército nacional. Dos hombres, vestidos con su uniforme, discutían severamente: - Ahh! – gritaba el General Maz-kazuma – usted no entiende la gravedad del hecho! - No señor, yo defendía a mi país – le respondió el otro. Su apariencia gorda y vasta daba la impresión de que no era un militar muy activo. - Coronel Diablero, lo puse al mando de las tropas tailandesas con una sola razón: Promover la paz y la integridad entre nosotros y el pueblo chino, y ya ves! Mira lo que haces! Matas al Comandante en jefe! - Señor, no había mas escapatoria, tenía secuestrada a la hija del Presidente… - Sabes que, considerate fuera de las tropas, te retirarás de la actividad, no tienes ningún sentido de cordura, te das cuenta los bombardeos que tendremos a partir de este momento! – y se sintió un terremoto – ya ves! - Necesito una oportunidad mas, esta es mi vida! - Oportunidad? Quieres una oportunidad? Toma tus cosas y lárgate! - Imbécil! – le gritó antes de avalanzarse sobre él y darle una paliza, corta, porque los soldados corrieron a defender al General. Diablero caminó unos pasos hacia atrás y dijo: - Ustedes, inútiles, me las pagarán, vendrá el caos sobre ustedes, y necesitarán nuevamente de mi, y dudo estar. Con el poco honor que le quedaba, se marchó del cuartel, poniendo en su espalda su rifle AK-47. Dentro de si mismo, dudaba que alguien dentro del escuadrón sintiera su falta, pero las cosas allí serían más complicadas sin una mente como la que poseía este Coronel. Diablero, el militar tailandés no era precisamente oriundo de este país. Nació en el Tibet, región de la China y en su juventud se dedicaba a plantar arroz junto a sus padres. En aquellos tiempos, las cosas en ese lugar no era muy fáciles y frecuentemente sufrían bombardeos militares por parte de la nación mandarín. Un día, una de esas bombas atacó el humilde rancho donde éste vivía. Lamentablemente, sus padres murieron, y él se salvó de milagro porque en ese momento se encontraba cosechando. Cuando llegó a la casa, no quedaba nada. Ese problema llevó a la furia de su alma. Tomando sus pocas cosas, marchó en un buque pesquero rumbo a Tailandia, donde comenzaría su nueva vida. Sin absolutamente nada, se alistó en el ejército de ese país, siendo aceptado casi enseguida, debido a sus enormes dotes estratégicos. Era casi obvio, de a poco fue subiendo en nivel y su habilidad en la carrera militar fue cada vez mejor vista por los demás, siendo luego condecorado como el mejor tirador del mundo con la AK-47, su rifle predilecto desde que ingresó al ejército. Asi continuó hasta el día que secuestraron a la hija del presidente. El no tenía opción, se encontraba acorralado por la milicia china y él solo tenía dos compañeros vivos. Tuvo que ser muy valiente para tomar su rifle y dispararle a siete policías que se venían sobre él. Nada de esto fue valorado por sus autoridades y en lugar de condecorar tal hazaña, lo echaron tal como echan a un perro de un hogar, luego de haber salvado a su dueño del incendio, pero que en medio del camino, eliminó sus desechos. Es irónico pensar que castigar a una persona por hacer algo bueno es además de estúpido, cómico, pero lo hicieron de todas maneras. La frustración de Diablero fue llevada por meses, y con el dinero que tenía, se instaló en el centro de Bangcok. Todas las mañanas caminaba hacia un baldío terreno a pocas cuadras de allí y practicaba tiro. No quería abandonar esa vida que le encantaba y ansioso seguramente esperaba que lo volvieran a buscar o incluso realizar una misión extra-militar. Aguirre, llegó a Bangcok y se instaló en un hotel. No tenía mucho dinero, había gastado principalmente en abastecimiento de su vehículo. Recordemos que es muy largo el trayecto Hanoi-Bangcok. Esa misma tarde, se encontraba en su dormitorio mirando fotos y tomando un café que con buena voluntad, la encargada de servicio le llevó. Increíblemente, en ese momento Diablero practicaba tiro a pocos metros de allí, y se le olvidó presionar el seguro del silenciador. El disparo fue tan estruendoso que asustó al Teniente, el cual estaba muy acostumbrado a oirlos pero parecía que era la primera vez. Instintivamente, fue hacia la ventana con sus binoculares y observó que un gordo asiático practicaba con un rifle al cual él no estaba acostumbrado. Esto frecuentemente se veía en la ciudad, pero algo lo destacaba en el resto. Sus disparos siempre daban en el blanco a 6 metros de distancia, algo casi imposible para un humano, ya que en un disparo al blanco inciden además de la puntería, la dirección del viento y la posición de la persona. Bajo un cielo nublado y tormentoso, donde el viento se hacía cada vez mas intenso, Aguirre bajó corriendo las escaleras y se dirigió hacia allí. Estaba seguro de que Diablero, era el indicado para añadirse a su travesía. El Coronel, mientras practicaba, sintió detrás de él unos aplausos: - Lol! – gritó – quién eres tu? – le preguntó al Teniente, que en ese momento se sacó los lentes de sol y le respondió: - Teniente Aguirre, Marines… bueno, ya no. - Marines? Que hace un americano… vivo aquí? - Abandoné el escuadrón, era el líder, pero la Aguirra asesinó a cada uno de ellos. - La Aguirra? Esa no es la chica media loca que está conquistando a todo Europa y Asia? - Exacto – le respondió – y decidí detenerla por mi mismo, ¿Te unes a la batalla? - Ir sólo contigo a detener a una villana mágica que seguramente nos detendrá poniendo dragones y elfos? ¡Me la suda! - Oh vamos, dime, ¿De donde vienes? - Era el Coronel al mando de las Fuerzas Armadas Tailandesas. - Eras? Que sucedió? - Diferencias… no quiero hablar de eso. - Te echaron – adivinó Aguirre. - Te dije que no quiero hablar de eso! – le apuntó su rifle. - Cálmate… como quieras que te llames. - Mi nombre es Diablero, era el mejor militar de toda Asia, me echaron injustamente del ejército porque ordené asesinar al Comandante en jefe chino ¿Feliz? ¿Me dejas seguir entrenando tranquilo? - Espera – dijo Aguirre mientras abría su maletín – te acompañaré. - Me acompañarás? Y que confianza te otorgué? - Que ahora… hable tu Ak-47 – le respondió mientras le instalaba el silenciador a su ACR. Diablero se ubicó a siete metros del blanco y disparó siete veces consecutivas. Las siete dieron en el mismo punto: - Fantástico – le dijo Aguirre – ahora déjame intentarlo a mi. En la misma posición, el Teniente acertó cinco tiros en el mismo lugar, los demás estuvieron a centimetros. Incluso así, sorprendió a Diablero, que le dijo: - No está nada mal, el record era mío, pero me seguía un soldado que acertó tres. - No es mi estilo los disparos cercanos, espera – le decía mientras caminaba hacia atrás. - Que haces? – le comenzó preguntando, luego gritando, Diablero. - Espera! Se ubicó a cincuenta metros del blanco. El Coronel se encontraba confundido, sin sniper era casi imposible acertar un tiro desde esa distancia. Aún así observó como Aguirre, respirando hondo, tomó su ACR y jaló el gatillo. La bala recorrió los cincuenta metros sin decaer y perforó el centro del blanco, haciendo aún más grande la obturación dejada por Diablero y su rifle: - Eso, jamás lo había visto – sólo alcanzó a hablar. - Entrenamiento intenso de tiros lejanos. - Increíble. - Ahora me acompañarás? – le volvió a preguntar. - Está bien – le respondió Diablero – podrá ser algo interesante. Aguirre guardó su ACR dentro de la maleta y caminó hacia el jeep: - Ahora deberemos viajar unos kilómetros, tengo un amigo que nos puede ser de ayuda. - Está bien – le dijo Diablero. De a poco el sol comenzaba a reinar nuevamente en el cielo, el viento se moderaba. Los dos arrancaron el trayecto hasta llegar a un lugar un poco extraño, donde un amigo de Aguirre los esperaba: - Ahora prepárate amigo – le decía el Teniente – te enfrentarás a cosas que nunca antes imaginaste. - Como que? - Tu sabes, fantasmas, payasos, elfos, duendes… - Estás seguro de que no estás loco? - Desearía estarlo, pero tu no sabes lo que se siente que cada vez que vas a dormir quince elfos se te aparezcan revelándote el futuro, mi vida era mucho más fácil antes de que la Aguirra se volviera malvada. - Y tu sabes por qué se volvió malvada? - Ella nunca se volvió malvada, ella nació siéndolo, pero le tomó algunos parxels darse cuenta. - Parxels? - Es como contamos los años en mi planeta… - y recordó que estaban prohibidos de revelar su identidad alienígena, tanto el como la propia Aguirra. - Planeta? No eres de la Tierra? - No, provengo de un lejano planeta llamado Aguirrus-4, pero como somos prácticamente humanos no se encontró necesario decirlo, aunque ya es tarde… - No hay problema, no le diré a nadie, pero es tan… raro… - Si, es raro, pero eso no es lo que importa, el futuro del planeta está en nuestras manos y no podemos distraernos por nada. De repente, una avalancha de efectivos policiales corría en dirección contraria a la de ellos, Aguirre intentó dominar el volante pero su vehículo marchó barranca abajo: - Ah!!! – gritaban los dos. El vehículo comenzó a irse por la pendiente hasta que se detuvo. - Oficial Jordan, no encontramos el objetivo – dijo uno de los efectivos. Buscaban a un terrorista prófugo de Guantánamo, llamado el Garrón. Éste se encontraba sumergido en un pantano cerca de allí, escapando milagrosamente de que lo atraparan nuevamente. Como llegó allí? Eso les responderé a continuación… II “La fuga perfecta” Garrón hace su aparición en la historia y se convierte en la tercera incorporación al equipo. Es aquí donde se inicia el DGA Force. Antes, se narra su triste historia. Encuentra por objeto del destino a Aguirre y Diablero que tienen un accidente en el mismo lugar y al mismo tiempo que lo tuvo él. Más tarde, luego de la batalla con los Clowns, Diablero y Garrón conocen al elfo Fefe, antiguo amigo de la Aguirra y amigo fiel de Aguirre. La cárcel de máxima seguridad en Guantánamo cumplía un día mas de actividades y los presos, algunos con hasta 30 años de estadía allí, se iban a dormir. Los guardias controlaban cada una de las celdas golpeando con sus cachiporras las puertas de los presos que gritaban desconsoladamente. Pero uno de ellos no dormía, comía a veces e incluso constantemente se lo veía retirado de los demás. Su nombre nadie sabía, ni siquiera él, pero se hacía llamar “El Garrón”, por la forma en que cometía las muertes, y esto se confirmó con el motivo por el cual se lo había inculpado: el secuestro y asesinato a sangre fría de un importante político israelí. Estaba bien claro para los que conocían y habían acompañado al soldado que este hecho no escapaba del cargo de legítima defensa. Fue una gran trampa que la Aguirra, también antigua conocida del Garrón, le había impuesto por arruinarle mil y un planes. Ella odiaba al Garrón y era recíproco. Luego de haberlo inculpado injustamente, el odio aumentó mucho más. El no era una persona insociable, es mas, era el “payaso” de su escuadrón. Nunca faltaba un chiste o una frase graciosa de su parte para alegrar a los suyos. No era el mismo, en esos diez años privado de libertad no se comunicaba ni siquiera con los guardias, era el preso mas silencioso. No recibía ningún tipo de visitas, había pasado una década sin comunicarse con el exterior. Eso se decía desde afuera, ya que nadie imaginaba el inmenso plan que estaba ideando hacía un tiempo. Lo único que lo acompañaba allí dentro era una lupa y una tijera, nada más que eso. Los años que pasó confinado lo hicieron tener conocimiento de todo el sector eléctrico del lugar, valiéndose del curso que hizo como electricista unos años antes de reclutarse en el ejército. Era la hora. Luego de mucho esfuerzo tratando de encontrar lo que buscaba, al fin lo encontró. Un mísero cable azul sobresalía a través de la gruesa pared de concreto que separaba una celda de la otra. La red eléctrica de la cárcel se valía de muchos pequeños cables interconectados entre si, por lo que, si uno de ellos fallaba, toda la energía del lugar se apagaba y se accionaba el interruptor de emergencia, un generador mucho más débil que se encontraba en una de las cabinas de seguridad. Nunca había sido accionado, por lo tanto, nunca se pudo haber sabido si al ser apagada la luz del lugar, fallaría la red eléctrica que controlaba las compuertas blindadas de las celdas y pudiera ocurrir una fuga masiva de presos. Pero como ésta era realmente indestructible, nadie temía esto. El Garrón, miró con mucha esperanza aquél cable azul y tomó la tijera. Ésta, se encontraba muy deteriorada porque había servido de pico para escarbar aquella pared. Fue por eso que demoró mas de lo esperado. Cerrando los ojos y rezandole a su dios, cortó el cable. De repente, todo el sistema lumínico de la cárcel falló casi instantaneamente y las compuertas comenzaron a abrirse una tras otra. Los convictos alegres, comenzaron a correr hacia la salida y los guardias, desesperados, trataban de atraparlos, algunos con éxito, otros no. El soldado musulmán corrió de su celda hacia una columna a la velocidad de la luz, sin ser notado por nadie, obviamente. Se escondió tras ella y observó la aglomeración en el patio. Riéndose, miró un policía que no tenía rumbo aparente y corría despavorido tratando de atrapar a los convictos, los cuales, casi el noventa por ciento, fueron paralizados con gases y choques electricos y fueron conducidos nuevamente a sus lugares. El otro diez, fue mas inteligente y logró escapar en la oscuridad, abriendo la enorme puerta a la fuerza. Este motín, generado por Garrón, aún lo mantenía dentro de la prisión, por lo que debía apurarse si quería salir de allí. Aprovechando el descuido de los guardias ocasionado por el mismo hecho, corrió a toda velocidad y robó el arma de uno de ellos. Sin que nadie lo pudiera alcanzar a ver, ya se encontraba fuera de la cárcel. A partir de ese momento, comenzó a huir de los policías. Con su UMP-45, subfusil, el Garrón se convirtió en uno de los hombres más buscados por el FBI. Miles de carteles se comenzaron a esparcir por el planeta con su foto e inscripción “Si lo encuentra, llame a su servicio policial más cercano”. Más adelante, quizás unos meses después, el soldado musulmán comenzó a pasar de ser un prófugo de Guantánamo a ser una leyenda urbana, abandonando mas tarde el servicio secreto la misión de búsqueda y captura al darlo por muerto. Fue así como el Garrón comenzó su nueva vida, trabajando como entrenador de fútbol infantil en Tailandia, lugar al cual llegó después de una serie de asaltos a barcos y secuestros de cruceros de lujo. El no era malo, pero todas las injusticias que se habían cometido a su respecto lo habían cargado de ira y lo único que quería era buscar a la Aguirra y asesinarla. Meses más tarde, el Garrón llegaba como todos los días al entrenamiento del equipo, pero esta vez no parecía un día normal. Las padres que comunmente acompañaban a los chicos no habían dejado sus autos en el estacionamiento y por ende, los niños tampoco se encontraban en la cancha. Esto extrañó mucho a Garrón, que cuanto más pasaban los minutos, mas preocupado se ponía. De repente, ocho hombres vestidos con traje negro y lentes de sombra lo comenzaron a rodear: - FBI, venga con nosotros. - FBI? – les preguntó Garrón - ¿Y que tema pueden tratar con un simple entrenador de Baby fútbol? - No se haga el tonto, terrorista! – le gritó uno de ellos. - No me grites! – le respondió. - No nos hagas hacerlo por las malas, Garrón – dijo uno de ellos sacando un arma. Los demás hicieron lo mismo. - Me encanta, hacerlo por las malas – respondió sacando su UMP-45 que no se sabía bien donde la tenía escondida. Corrió muy rápido rumbo a la puerta de salida, dando disparos certeros, tirando a dos de ellos. Sudaba frío, eran demasiados. Los que quedaban disparaban sin cesar, todos al mismo tiempo y no se movían del lugar. Cuando el soldado prófugo logró escapar, tomó un vehículo negro y decidió marchar a toda velocidad rumbo a la carretera que unía Tailandia con Laos, siendo este país su salvación. Los agentes del FBI se subieron a sus vehículos y lo comenzaron a perseguir en una carrera a alta velocidad. Garrón sentía que se acercaban, por eso puso su subfusil de manera inversa y mientras conducía con una mano, con la otra, ayudado por el espejo retrovisor, disparaba hacia las ruedas de los vehículos, no consiguiendo resultados positivos. Ellos iban cada vez más rápido y esto preocupaba al soldado, que viendo una neblina, tuvo una idea. Ni bien llegó a ésta, dobló hacia un barranco que se encontraba a mano derecha. Con su vehículo se lanzó a toda velocidad hacia un pantano que se encontraba al final del camino. Su auto se hundió, el escapó antes de que esto sucediera. Con las algas del lugar, logró crear un disfraz improvisado para camuflarse. Unos segundos más tarde, vió a lo lejos que un jeep militar venía rápidamente hacia él y se lanzó al pantano para protegerse, pero se detuvo antes de hundirse. En este jeep, venía Diablero y Aguirre, los cuales se bajaron enseguida, y mientras se limpiaba, el Teniente blasfemaba: - Maldita sea, ya nadie tiene respeto por los conductores prudentes! - Cálmate Aguirre, al menos no sucedió algo peor… El Garrón, al ver que ellos no parecían malas personas decidió salir del agua. Esto, no fue una buena idea, ya que el no se percató de que no se encontraba en las mejores condiciones para presentarse, es más, parecía un monstruo marino. Diablero quedó paralizado mientras Aguirre seguia quejándose: - Y es increíble como bajaron los sueldos y… ¿Qué sucede Diablero? El no le respondió con palabras, sólo le hizo un gesto de que se volteara: - Que estás haciendo… - y se volteó – que rayos es eso! Los dos se echaron hacia atrás mientras el monstruo marino cada vez se acercaba más. Tenía algas en la boca por eso no pronunciaba bien las palabras, solamente enunciaba gemidos: - Dios mío! – gritaba Aguirre. - Por el amor del buda que es eso! Cuando logró escupir las algas, Garrón les dijo: - Cálmense, no hago daño. - Uf – suspiró el Teniente – por un momento pensamos que eras… ya no importa… - Perdonen por el susto, es que estoy escapando de la ley. - Genial, ahora tenemos con nosotros a un prófugo – dijo Diablero - ¿Y de que cárcel te escapaste? - De Guantánamo. - Gua, gua, Guantánamo! – gritó Aguirre – eres un terrorista! - Te asustas tan fácilmente? – le preguntó Diablero. - Eh… no, eso fue para aumentar la emoción, eres de Guantánamo? Y que hiciste? Volaste un edificio? Garrón se sentó en una roca que se encontraba a centímetros y suspiró: - No… en realidad no hice nada malo, fui víctima de una trampa. - Que sucedió? – lo escuchaba Diablero. - Era verano de 2938, fin de la Tercera Guerra Mundial. Mi escuadrón y yo nos retirábamos honrosamente del campo de batalla. Mi mujer y mis hijos me aguardaban en casa y lo único que faltaba era concurrir a la embajada de Jordania para acordar mi regreso al hogar… “Junio 14, 2938. Fines de la Tercera Guerra Mundial. Garrón caminaba rumbo a la embajada acompañado de dos soldados más: - No puedo más de la emoción, Il Tabashi y mis dos hijos, Al Ramsan y Al Leidan me aguardan en casa – decía feliz el Garrón, mucho más joven. - Era hora de volver – expliba Al Rejad, uno de los soldados que lo acompañaban en el camino – ya no quedaba más nada para pelear, Hitler desapareció y dicen que está muerto. Los países participantes están demasiado requebrajados institucionalmente como para continuar peleando. No había sentido. La embajada jordana de a poco era más cercana y ya se podía apreciar su inscripción en la pared "al-Mamlakah al-Urdunniyah al-Hashimiyah”, que en árabe significa Reino Hachemí de Jordania. Los tres al llegar se dirigieron a la oficina que tramitaba la salida de la guerra. Ni bien se encontraron allí, solamente el Garrón se acercó a hablar con la mujer que atendía: - Hola, me enviaron para tramitar mi regreso a casa. - Si… - dijo la mujer de una manera sospechosa – espere que ya le traigo los papeles… Pero demoró, y demoró... nunca llegó. Mientras el soldado esperaba, apareció un hombre con traje y corbata: - ¿El Garrón, no? – le preguntó. - Si, ¿cómo me conoce? - Este paquete es para usted – y le entregó en sus manos. - ¿De parte…? - Ya lo sabrá… Cuando observó más detenidamente, se dio cuenta de que en la etiqueta del paquete, decía “C4”, explosivo plástico cuya ignición produce miles de megatones de explosión: - ¡Rayos! ¡Es una bomba! Cuando decidió a correr, los soldados lo atraparon, mientras el político lo miraba: - No correrás, Garrón, morirás aquí – le explicó mientras salía por la puerta. En los ojos del soldado se podía ver la furia que sentía. Furia que, de un modo sobrenatural, lo cargó de fuerza y lanzó al suelo a sus compañeros. Tomó su subfusil UMP-45 (Que era ya en aquél tiempo, su arma preferida) y los ejecutó a los dos, diciendo: - Traidores malditos, nunca lo imaginé. Corriendo, bajó las escaleras, donde por la puerta, salía el hombre con traje negro riéndose de la situación. Obviamente, nunca imaginó que el Garrón pudiera escapar. Sorpresivamente, éste último lo tomó del cuello y le dijo: - ¿A dónde piensas que vas? El hombre trató de huir e incluso sacó un arma blanca para defenderse, pero el Garrón fue más rápido y lo ejecutó a sangre fría en medio de la acera. La gente miraba asombrada, pensaron que era un asesino. Mucho más, cuando se dio cuenta que había olvidado el explosivo dentro del edificio. Aquello voló por los cielos y ocurrió una catástrofe horrenda donde murieron miles de personas. La policía logró reducir al soldado que no tenía culpa de nada, es más, los había intentado salvar. Pero claro, las cosas parecían tan obvias que todos sospecharon de él, ya que unos segundos atrás había ejecutado al hombre. Lo tomaron y lo pusieron dentro de una camioneta blindada. Había intentado salir de allí, pero no existió manera. La Aguirra le había tendido esa trampa, que resultó perfecta. Así pasó años en Guantánamo, catalogándolo de terrorista y no siendo llevado ni siquiera a un juicio justo.” - Esa historia, es triste – dijo Diablero. - Y pasé años dentro de aquella prisión – le explicaba Garrón – pero esos diez años los pasé ideando un plan maestro que me hizo poder escapar. - Grandioso – dijo Aguirre – y lo mejor de todo, es que recién ahora te lograron encontrar. - Ya pasaron tres años desde que me escapé, aparecieron verdaderos terroristas y el servicio secreto se empeñó en buscarlos. Alguien reveló mi posición y me volvieron a buscar, y me encontraron. Aún no logro entender por qué les estoy diciendo esto. - Somos confiables, todos fuimos traicionados por nuestros ejércitos – dijo Diablero – a mí me expulsaron por intentar defender a la hija del Presidente Tailandés. - Y los americanos querían que yo siguiera peleando solo contra los Clowns. - Eso es injusto. De repente, un terremoto se desató en el lugar. Un helicóptero oscuro, rodeado por una nube tormentosa, comenzó a lanzar payasos, que bajaban en paracaídas hechos con alas de murciélago: - ¡Rayos! Más Clowns! – gritó Aguirre. Los tres fueron acorralados por aquellos payasos. Diablero comenzó a dar las órdenes: - Aguirre, corre y ponte lejos, apunta y dispara. - Está bien. - Tu, Garrón, no sé qué habilidad tienes. - Espera, ya te la mostraré. Comenzó a correr en círculos hasta desaparecer. Lo único que sentía el Coronel era su voz que decía: - ¡Salta! - ¿Dónde estás? - ¡Sólo salta! Diablero saltó y comenzó a caminar en el aire, claro, el soldado había formado un disco sólido que funcionaba de tarima para atacar. Garrón, con su cuchillo en la mano, mataba muchos de ellos, mientras que Diablero atacaba con su rifle y lograba detenerlos. Cuando uno de los payasos quería atacarlos por la retaguardia, eran neutralizados por Aguirre, que controlaba los ataques sorpresivos de parte del escuadrón de la Aguirra. De repente, uno de los payasos tomó a Diablero y lo amenazó con su pistola de agua. Esta agua que salía, no era precisamente este líquido, sino ácido sulfúrico. Sólo uno poseía esta arma, el de la nariz violeta, el líder. Esto preocupó al Coronel, pero no al Garrón, que desapareciendo por un segundo, apareció detrás del Clown. Con cuidado, puso su fusil detrás y jaló el gatillo. El payaso cayó fulminado en el suelo. La batalla había sido ganada. El equipo era perfecto. Diablero, como comandante estratégico había conducido las riendas para la victoria. Aguirre controlando los ataques sorpresivos, había sido excelente, mientras que Garrón, ese sí había sorprendido. Su velocidad era casi sobrehumana: - ¿De dónde sacaste ese poder? – le preguntó Aguirre. - No lo sé, desde que aprendí a caminar tengo una velocidad superior a la normal. - ¿Superior a lo normal? ¡Directamente no es normal! – le dijo Diablero. - Es verdad, Garrón, tienes un poder innato… ¿Estás seguro que no te revolcaste en desechos nucleares? - ¡Que no! – Le respondió – nací con esto. - Wow – agregó Aguirre. - ¿Quieres acompañarnos en esta travesía? – le preguntó Diablero. - ¿Que travesía? - Estamos formando un escuadrón para detener a la Aguirra – le dijo Aguirre. - A La Aguirra? ¿Enloquecieron? ¡No pudo contra ella ni siquiera los Marines! ¡No tiene competencia! ¡Ganó! Aguirre le señaló todos los payasos muertos: - ¿Estás seguro de eso? Eran 100… - No, no, además, no quiero saber de luchar contra una hechicera, es casi un suicidio. - ¡Me la suda! – Le dijo el Diablero, por cierto, significa “No me interesa” – ¡vendrás con nosotros! ¡Eres excelente! - Hacemos un gran equipo, Garrón, además no tienes nada más para perder, esta podía ser tu salvación y podrás adquirir honor nuevamente. - ¿Sabes qué? – Dijo parándose – tienes razón, ella no podrá ganar esta vez. - ¡Esa es la actitud Garrón! Ahora suban, estamos cerca de donde quería ir desde un principio. Unos kilómetros más adelante, se detuvo. A unos metros se encontraba un hongo gigante de color violeta pálido, lleno de manchas blancas: - ¿Y esto que significa? – le preguntó Diablero. - Aquí vive un viejo amigo mío. Al tocar la puerta, salió un simpático elfo, con apariencia humana, pero con muy poco autoestima: - Que quieren con Fefe? ¡Fefe es tranquilo! - Cálmate Fefe – le decía Aguirre. - Fefe? – Se rió el Garrón – ¿esto es tu amigo? - Fefe se siente ofendido, Fefe irse. - ¡No! ¡Espera! ¡Vienen conmigo! Es que no son muy educados… - y los miró – este es mi elfo, se llama Fefe, lo encontré en medio de la selva y nos hicimos amigos, y mejor aún, Fefe, demuéstrales tu poder. El elfo tomó una manzana y la hizo cobrar vida, saliendo corriendo por la puerta: - Ah, ¡también es mágico! – señaló Diablero. - Fefe se siente avergonzado – dijo escondiéndose tras la pierna de Aguirre. - Sean buenos con él, nos será de mucha ayuda. - Ustedes caerles bien a Fefe – les dijo a los dos. - Lo más cómico es que se refiere a sí mismo en tercera persona – dijo Garrón. - Es propio de los elfos referirse a sí mismo de esa manera – le respondió Aguirre – oye Fefe, necesitamos un lugar donde quedarnos, ¿nos das estadía temporal? - Fefe está contento de que lo visiten, Fefe no tiene amigos, vengan, quédense aquí. - Años en el ejército para vivir en la casa de un elfo – murmuró Garrón mientras entraba. Dentro, se toparon con una vivienda bastante cómoda para ser un hongo, pero claro, era tan mágica como la persona que vivía dentro. Fefe les iba explicando su historia mientras les mostraba sus cuartos: - Fefe era buen amigo de la chica mala, Fefe fue traicionado por chica mala. - ¿Que te hizo ella? – le preguntó Garrón. - ¡Ella quiso matarme! – dijo escondiéndose bajo la cama – ella usó magia para matar a Fefe! - ¿Y que ganaría ella con matarte? - Ella quería la magia de Fefe – le explicó el elfo – ella y Fefe ocupan el mismo círculo mágico, matando a Fefe, ella tomaría sus poderes y se volvería una hechicera Servin. - ¿Hechicera qué? – le preguntó Diablero. - Ella actualmente es una hechicera Rasian, aún le faltan años para volverse hechicera profesional, y matando al elfo, ella tomaría sus poderes y ahorraría años de estudio. - Hasta que es bastante inteligente – dijo Garrón. - ¡Pero Fefe no quiere morir! - No morirás Fefe – le dijo Aguirre – mientras dependa de nosotros, no morirás. Los tres se sentaron en unos troncos que usaban como asientos, Garrón puso los pies sobre la mesa y dijo: - Necesitamos ponerle un nombre al escuadrón, un nombre que haga helar la sangre. - Si, es verdad, ¿pero cuál? - Que tal, [DGA] Force? - DGA? ¿Por qué esa sigla? – le preguntó Diablero. - Diablero, Garrón, Aguirre, es fácil de entender. - Parece interesante ese nombre, nos lo quedamos, que dices Diablero? – le preguntó Aguirre. - Me la suda, está bien. - Entonces el escuadrón se formó, y en esta guarida, que la llamaremos…– otra vez preguntó el Teniente. - Que tal Cahium? – dijo Garrón. - Cahium? ¿Por qué ese nombre? – preguntó Diablero. - Es el nombre de un legendario guerrero de la Edad Media, dicen que salvó al mundo de una catástrofe global solamente con su espada. - Si… me parece bien. - A mí también – dijo Diablero. Aguirre puso una mano adelante y dijo: - ¡Pongan sus manos, y festejemos! Los tres pusieron sus manos adelante y las elevaron al cielo, al grito de ¡DGA! Un búho se encontraba en un árbol, observando el hecho, pero quién lo hacía no era precisamente el ave, sino alguien que se encontraba un poco lejos de allí… III “La dimensión Kirk” En este capítulo hace su aparición la Aguirra. Una adolescente egocéntrica, vanidosa y maniática que usa la magia para hacer el mal a la humanidad y conquistar al mundo. Vive en un castillo a las afueras de Londres acompañada de su amiga y segunda al mando Tatiuska y su mayordomo Igor. Su primera trampa al DGA es precisamente enviarlos a una dantesca dimensión donde deberán luchar contra extrañas criaturas hasta llegar al último nivel, el dragón de Kirk. Londres, capital del Reino Unido. Un palacio a las afueras de la ciudad llamaba la atención pero nadie quería entrar en él. El gótico castillo era dominado por la oscuridad y a su alrededor, los cuervos volaban. Una chica caminaba por los senderos oscuros de aquel inmenso palacio. Su cabello negro y opaco le llegaba hasta pocos centímetros de su cintura. Tenía una altura de aproximadamente 1,70 metros. Su cuerpo era delgado, aunque sus caderas eran un tanto anchas. No tenía nada exuberante que ofrecer. Su rostro aparentaba ternura aunque por dentro su corazón estaba seco de tanta maldad. Su laboratorio de pócimas era quizás, su propiedad más preciada. Los frascos de extraños líquidos humeantes eran fijamente observados por ella. Del otro lado, la ilusión óptica hacía parecer que sus ojos eran muchos más grandes de lo normal, pero no era así. Realmente tenía solamente 15 años en la Tierra, 5 parxels aguirrescos en su planeta de origen. En sus manos tenía un frasco de acondicionador para el pelo, la bebida que a ella más le gustaba. No le hacía daño por ser alienígena, pero aun así era muy extraño. Tenía fascinación, además de la magia, por las novelas fantásticas, siendo uno de sus principales hobbies leer este tipo de cosas. Obviamente, su locura era intensificada por su fanatismo por novelas mágicas, creando para ella un mundo paralelo. Más extraño se hacía el hecho de que en una de las mayores salas de su castillo, no había un laboratorio, o presos, sino un pelotero gigante en el cual ella se relajaba cada vez que se estresaba. Tatiuska, su mejor amiga y mano derecha, era además su jefa de operaciones y controlaba que nadie invadiera el castillo. Era la única persona que realmente la soportaba y deseaba hacerlo. Quizás una de las características más marcantes de la Aguirra era que, al contrario de los villanos comunes, no se entendía ni siquiera con los de su bando. Tati, como a ella le gustaba llamarla, entró al laboratorio con malas noticias, mientras ella se divertía viendo como las ranas se convertían en insectos y viceversa: - Aguirra… - Que sucede Tati? – le preguntó la villana, que se vestía casi siempre con un largo vestido negro, aunque habían días que se ponía ropa de adolescente, ya que sus cambios de humor la hacían variar hasta en su forma de vestir. - Tengo malas noticias, algo extraño sucedió, tu mascota acaba de grabar un video, tienes que verlo. - No más publicidades, por favor. - No es publicidad, te lo aseguro. - ¡Igor! – gritó Aguirra. En seguida, llegó hasta allí Igor, su mayordomo. Su apariencia repulsiva lo hacía perfecto para el trabajo. A la Aguirra le encantaba las cosas que para la gente normal eran realmente extrañas. Sus dientes mal arreglados y su apariencia maloliente hacía que Igor marcara su presencia dondequiera que estuviese. Casi siempre tenía que tolerar los enojos infundados de su ama, que le lanzaba sillas por la cabeza o incluso, cuando tenía una piedra en la mano, la lanzaba a la pared y rebotaba, dándole en el ojo al mayordomo. - ¿Que sucede, ama? – le preguntó el además tartamudo mayordomo Igor. - Tráeme más acondicionador para el pelo, ¡vamos, quiero ya! ¡Ahora! - Está bien, señora – le respondió, saliendo corriendo. - Estos mayordomos de hoy en día, nadie merece – le dijo a Tati. - Aguirra, mira esto. Cuando encendió el inmenso monitor, la chica se topó con la imagen de los chicos luchando, y ganándole, a los Clown Rangers, los payasos que conformaban el escuadrón pseudomilitar que ella empleaba. - No puede ser – quedó paralizada – ¿de dónde sacó esos dos? - Según la información que trajo Caramsian – el búho – esos dos se llaman Diablero y Garrón. - Garrón – rompió un lápiz – escapó de Guantánamo. - ¿De dónde lo conoces? - Era cabeza del escuadrón musulmán que intentó encontrarme – dijo mientras miraba hacia afuera, por la ventana- yo tuve que tenderle una trampa para que fuera encarcelado, pero no tengo la menor idea de cómo escapó. - Parece entonces, ser bastante inteligente – le dijo Tati. - No es inteligente, sino le hubiera tomado un mes, fue insistente, ¡maldita sea! - Aguirre parece haberse armado bastante bien. - No lo creo, son tres, no pueden contra mi… muahahahaha! - ¿Que harás? - ¿Tienes los Ratziguns disponibles? - Si están, los traeré. - No, habrá que atormentarlos con algo mejor, algo que sea casi invencible. - Tienes algo aquí que te puede ser de ayuda. - Muéstramelo. - Hace unos años compraste un paquete de dimensiones que nunca usaste, ¿qué tal si lo ponemos en práctica? - Eres inteligente Tatiuska, por algo somos amigas. - Claro que sí, tremendo ego tengo. - ¿Mas ego que yo? - No, no creo que un humano pueda superar eso. Tati se dirigió a la computadora y comenzó a configurar la dimensión. Mientras tanto, Igor llegó a la sala con una bandeja que traía acondicionador para el pelo: - Señora, aquí le traje lo que me pidió. - Oh, bien Igor, hoy podrás dormir dentro… - y miró la bandeja – ¡Idiota! Esto es shampoo! ¿Me quieres matar? - ¡Perdón, perdón! - ¡No! – dijo lanzándole la bandeja por la cabeza – ¡me traerás acondicionador para el pelo o te aniquilaré! – dijo amenazándolo con la varita. - Si señora, enseguida le traigo. - Ven Aguirra, ya está listo el mapa. - Perfecto, ¿Cómo es? - Es una tenebrosa dimensión donde solamente derrotando al dragón podrán salir de allí, técnicamente no tienen escapatoria. - Wii! ¡Genial! Vamos, créalo y divirtámonos. - Prepararé las palomitas – decía Igor. Diablero, Garrón y Aguirre se despedían temporalmente del elfo, ya que debían emprender un viaje, aconsejados por Fefe, rumbo al Tíbet, lugar en el cual recibirían consejos espirituales sobre magia: - Fefe está seguro que encontrarán lo que buscan allí – les explicó – Aguirra no es tan inteligente, es malvada. Si son inteligentes, la podrán derrotar usando sus propias armas. - Eso es un poco complicado… ¡Porque no somos magos! – le reprochó Garrón. - Dicen que se nace mago, pero hay formas de luchar con magia. Escuchen lo que dice Fefe – le respondió el elfo. - Está bien – dijo Aguirre – ahora vámonos, no tenemos tiempo que perder. Los tres se subieron al jeep y a lo lejos Fefe se despedía temporalmente de ellos. Aguirre era el que conducía el vehículo, porque los otros dos no tenían buenas experiencias en ese ramo. Garrón en más de seis ocasiones provocó un choque múltiple al conducir ebrio, mientras que Diablero, en una persecución, ingresó a un edificio, provocando un gran desastre. El búho sobrevolaba con una bolsa luminosa la carretera, y cuando decidió la Aguirra que era el momento, lanzó un polvo que inundó los alrededores del lugar. Aguirre gritó: - ¡Que está pasando! Una luz encegueció a los soldados, los cuales se taparon sus rostros con sus manos. Ni bien las sacaron, se toparon con una realidad no muy normal: - ¿Dónde estamos? – preguntó Garrón mirando a su alrededor. Un paisaje infernal se mostró ante ellos. Abismos en cualquier parte hacían que el paso allí sea totalmente peligroso: - Parece que estuviéramos en otra dimensión – dijo Diablero. Un animal volador de tres cabezas chocó contra ellos y quedó un poco mareado. Los tres comenzaron a preocuparse, a partir de ese momento, se dieron cuenta de que era una trampa de la villana: - Esto parece ser algo de la Aguirra, acostumbra a jugar así – dijo Garrón. - Juega sucio, muy sucio – agregó Diablero. - Fue una buena idea agregar a alguien que ya luchó contra ella – dijo Aguirre – yo no tengo la más pálida idea de su proceder. - Te sorprenderás – le respondió Garrón – ella es mala, muy mala. Comenzaron a caminar por el lugar y en momentos, observaban el color rojo que predominaba allí. De repente, Aguirre gritó: - ¡Ahí viene algo! Tres plantas, verdes y con grandes ojos rojos caminaban hacia ellos. Las raíces funcionaban como sus pies y sus ramas eran manos mutadas. Garrón y Diablero no mostraban mucho espanto pero el Teniente dijo algo que los despertó: - ¡Tienen lanzallamas! Fue en ese momento que el soldado musulmán tomó su UMP-45 y comenzó a disparar. No parecía surtir efecto alguno de esto, así que Diablero lo detuvo: - No tiene sentido, Garrón, ¡llevemos esto a un nuevo nivel! - ¿Qué quieres decir con eso? – le preguntó. - De todos nosotros, Aguirre es el que tiene la mejor puntería, ¿cierto? - Por ahora si – dijo Aguirre. - Entonces, Garrón, tu y yo deberemos distraer a las plantas, y las llevaremos hasta un punto en el que Aguirre logre ver, allí, el podrá dispararles. - Pero qué sentido tiene Diablero – le reprochó Aguirre – ¡ya viste como Garrón gastó un cartucho de municiones disparándoles! - Tiene que haber alguna manera – pensó el Coronel. - Quizás haya alguna pócima aquí, total, estamos en una dimensión creada por una bruja – dijo Garrón. - Allí arriba – les señaló Aguirre – ¿ven que hay un paquete? Unos metros más adelante, sobre una roca se encontraba un paquete misterioso. No había mucho tiempo y cualquier error les podría costar la vida. Necesitaban alguien rápido que tomara la caja y la trajera de vuelta sin que las plantas con lanzallamas lo notaran. Garrón era el indicado: - Tienes que tomarla en milésimas de segundo, ¿entendiste? – le dijo Diablero. - ¡Pero me puedo hacer daño! – le respondió. - ¡Me la suda! ¡Ahora ve! El Garrón tomó impulso y… apareció la bolsa en su mano: - ¡Como rayos hiciste eso! ¿Teletransportaste la bolsa? - No Aguirre, en realidad fui, pero sus ojos no pudieron captar el movimiento. - Eso nos será de mucha ayuda – le dijo Diablero. Garrón le lanzó el paquete a Aguirre y éste lo abrió. Dentro, se encontraban cientos de balas azules brillantes: - ¿Y qué hago con esto? - Carga tu ACR con balas brillantes y comienza a disparar cuando te lo ordene, ¿entendido? - Bien, no hay problema. Ellos salieron de allí y se pusieron frente a las plantas, que ni bien los vieron, comenzaron a dispararles llamas. Diablero, desesperado, le gritó a Aguirre: - ¡Cambio de planes! ¡Dispara! ¡Dispara! - No puedo… - decía mientras apuntaba – ¡tienen que estar quietos! - Ya me cansé – dijo Garrón. Comenzó a girar en torno a las plantas vivientes que no sabían dónde apuntar. Fue en ese momento que Aguirre disparó tres tiros certeros, los cuales en el aire dejaron una extraña estela de luz azul. Estos vegetales comenzaron literalmente a cocinarse vivos. - ¡Eso le llamamos en Aguirrus un tiro espectacular! La primera victoria del DGA en aquella dimensión daba la pauta de que por delante, vendrían peligros mucho mayores. Ellos continuaron su camino, y en un tramo, encontraron un inmenso abismo. Los tres compartieron el mismo pensamiento ¿Cómo pasar? El soldado tenía el poder de la supervelocidad pero no podía saltar tan alto. Esto fue lo que más complicó al equipo ya que ninguno de los dos, ni Diablero ni Aguirre tenían un superpoder: - Tenemos que pensar en algo mejor – dijo el Coronel. Se sentaron y comenzaron a pensar. No había puente alguno por el cual pudieran atravesar y llegar al otro extremo. Estaban atascados allí. La Aguirra festejaba, ya que si no pasaban ese abismo estarían encerrados para siempre en una dimensión paralela: - Muahahahaha!!! – reía – parece que vencimos fácil Tati! - No lo creas, tengo el presentimiento de que algo fallará. - ¿Por qué lo dices? - ¡Mira! Un Auxiliator! - ¡¿Por qué está en mi dimensión?! – se lamentaba mirando el monitor. Auxiliators eran criaturas místicas que según las leyendas, ayudaban a los caballeros medievales a luchar contra legiones de magia negra. Son seres antropomórficos alados que en momentos de apuros, corren a ayudar al que está mágicamente en peligro. No son ángeles, ya que no son criaturas divinas sino pertenecen a otro círculo del más allá, donde no se mezclan ni el bien ni el mal. Un Auxiliator comenzó a volar sobre ellos, mientras la Aguirra le lanzaba piedras de colores a Igor: - ¡Por qué, no, me avisaste! - Señora, no fui yo el que configuró la dimensión, no es mi culpa. - Es tu culpa sí, ¡porque yo quiero que sea! - Está bien – dijo agachando la cabeza. - Aguirra, el Auxiliator vendrá por ellos y los llevará. - Gracias Tati, tu información fue de mucha ayuda. En la dimensión maldita, un gran hombre alado se puso frente a ellos. Aguirre estaba dado vuelta y los dos le señalaban el extraño ser: - Y les digo, la ayuda no estará detrás de mí, hay que pensar… - ¡Mira hacia atrás! – le gritó Garrón. Cuando Aguirre se volteó se topó con dos pies, a medida que iba subiendo la mirada, dijo: - Y ahora esto. - Cálmense, yo no soy malo, soy un Auxiliator, vengo a ayudarlos a pasar el abismo. - ¿De dónde vienes? - Yo no vengo de ningún lado, ya que mi lugar de origen se considera la nada, mi espacio en este Universo se reduce a pertenecer a un más allá al cual nadie puede ir. No vivo ni en el Paraíso, ni en el Purgatorio, ni en el Infierno, provengo de un lugar llamado Pureces, donde nos reunimos y nos distribuimos cuando alguien se encuentra en peligro en manos de un hechicero. - Oh – dijo Aguirre – ¿y nos ayudarás a pasar? - Súbanse a mí, ¡los llevaré! - Seguro que puedes soportar a Diablero? – le preguntó Garrón. - Soporto todo lo que me proponga – le respondió. - ¡Oye! – Le dijo Diablero a Garrón – ¡Lol yo no soy gordo! Los tres se subieron al Auxiliator y volaron sobre el abismo: - ¿Y que hay en el fondo del abismo? – le preguntó Diablero. - No quieras saberlo – le respondió – son criaturas malvadas denominadas Riztipons, las cuales despedazan tu cuerpo y tu alma de manera atroz. - Auch – alcanzó a decir. Cuando llegaron al otro lado, el Auxiliator les dijo: - Ahora sigan por su cuenta, verán cosas que no serán agradables, pero siempre estén seguros de que la magia blanca los acompañará por la travesía en la dimensión Kirk. - Dimensión Kirk? - Así se llama esta dimensión, la Aguirra no es la primera hechicera que la usa para destruir a sus oponentes, aunque, tengo pésimas noticias para ustedes. - No creo que nada pueda empeorar – dijo Aguirre. - Hasta con nuestra ayuda, ningún héroe mágico ha logrado pasar esta dimensión, y ustedes no son magos, son militares. - Pondremos nuestro mejor esfuerzo, no nos podrá vencer la Aguirra – dijo Garrón. - Entonces suerte, la necesitarán. El Auxiliator desapareció. Los soldados debían seguir su camino: - Aún me quedan balas mágicas – decía Aguirre. - Eran bastantes, llevo la caja conmigo – dijo Diablero. Aguirra, le preguntaba a Tati: - ¿Y ahora qué sucederá? ¿Algún monstruo medieval los detendrá antes de llegar al dragón? - Es que no tengo registros de alguien que haya superado el abismo, a partir de ahora estamos tan ciegas como ellos. - Y las cosas no podían estar mejor – dijo sarcásticamente. Mientras tanto, en Kirk, Aguirre, Diablero y Garrón se toparon en una parte del camino con un extraño animal de tres ojos, similar a un mapache. Éste, les habló: - Ustedes son los próximos. - ¿Y tú que estás diciendo? – le preguntó Aguirre. El mapache mutado comenzó a volverse más y más grande y se volvió una criatura dantesca, sus dientes eran tal como un marfil y su respiración era caliente como el fuego: - ¡Esto no está bien! - ¡No, claro que no! – dijo Garrón. La bestia con un golpe lanzó las armas al otro extremo del lugar y con la otra mano golpeó a los tres, lanzándolos unos metros hacia atrás. La Aguirra disfrutaba el momento: - Listo, ahora sí que no se salvan. Aguirre logró levantarse y se lanzó encima del animal, que lo tomó y lo lanzó contra la pared. Estaba muy herido. Diablero, no podía casi levantarse, pero aun así, logró tomar por el pie al mapache y aferrarse a él. Esto lo incomodó mucho pero no lo lastimaba, es más, parecía ser inmortal. El mapache mutado en realidad se llamaba ruggell, un mitológico animal mágico que se utilizaba como defensa en guerras de hechiceros. No tenía muchos puntos débiles, excepto su ojo izquierdo. Cualquier impacto contra éste lo aniquilaba, es por esta razón que todos los de su especie sobre su globo ocular poseían una protección especial de metal blindado. El Teniente veía como el ruggell era muy superior a ellos, y físicamente ninguno de ellos podía contra esa bestia. Mientras se arrastraba en busca de su ACR, Diablero y Garrón se veían fuertemente golpeados y casi no se podían levantar. Éstos parecían ser la diversión del ruggell, el cual tomaba al Coronel y lo giraba en el aire. Garrón le gritaba a Aguirre: - ¡Usa las balas azules! Él le respondió con un pulgar hacia arriba y llegó hasta su arma. Con lo poco de fuerzas que le quedaba, apuntó hacia la bestia y disparó las balas mágicas, no provocándole ningún daño al animal. - Listo, estamos muertos – decía. La Aguirra se reía en su palacio: - Jajaja! ¡Fueron derrotados por un mapache! Jajaja! - Señora, creo que esto le parecerá interesante – le decía Igor mostrándole un libro. - ¿Qué es? - Al parecer, hay una extensión mágica en cada arma de los del DGA en esa zona de la dimensión. - Y eso significa… - Significa que si la encuentran, matan al ruggell – le dijo Tati. - Si, eso no es bueno, ¡rayos! - Confiemos en que Aguirre no la encuentre – le agregó su amiga. Pero, nadie se dio cuenta de que dentro de la caja en la que se encontraba las balas, también había un lanzagranadas pequeño. Esto solo fue percibido por el Garrón, que al ver la caja abierta en el suelo, le gritó a Aguirre: - ¡Aguirre! ¡Toma esto! Le lanzó por los aires y, con el ruggell observando el trayecto, el Teniente la colocó en su arma y disparó un rayo. La fuerza que tomó fue tal que lo lanzó al piso. Ese rayo rebotó por las paredes y dio en un pequeño agujero en el metal, que permitía ver a la bestia. Ésta, tomándose la cara, comenzó a girar y cayó fulminada al piso. Ocurría la segunda victoria del equipo en la dimensión Kirk. La Aguirra no mostró expresión alguna y dijo: - Me iré al pelotero, cuando haya una noticia buena avísenme. Malherido, el escuadrón debía seguir adelante. Si eso era algo malo, lo próximo que vendría sería peor. El dragón podía hacerse sentir y el calor era cada vez más intenso: - Esto es muy raro – dijo Diablero – comienzo a creer que fue un error ser parte de esto, Aguirre. - ¡Nunca repitas eso! – Le respondió tomándolo del cuello – ¡estamos cada vez más cerca de la loca y no vamos a detenernos ahora! - ¡Chicos cálmense! – Les dijo Garrón – tenemos que estar unidos, sino no saldremos vivos. Aguirre y Diablero se separaron y el primero suspiró: - Tienes razón Garrón, no podemos desesperarnos, estamos cerca. - Esa es una actitud DGA! - ¡Pero estamos heridos! ¡Y creo que lo peor aún no llegó! – reprochó. - Si no llegamos al final, eso sí será malo, así que, compórtense como hombres ¡y vamos a luchar! IV “La dimensión purgatoria: El puente Zed” Luego de sobrepasar los diversos obstáculos, el DGA alcanza el nivel supremo. Luego de derrotar a la bestia, se topan con una dimensión denominada “purgatoria”, llamada Zed, donde los héroes son encerrados por toda la eternidad. Quizás una de los sucesos más irónicos de la novela, donde los que hacen el bien son encerrados de por vida para aconsejar a los nuevos. En el monitor de la Aguirra, se encontraba en la esquina inferior izquierda un pequeño mapa donde se veía hacia dónde se dirigían los soldados. Esto fue advertido por Tatiuska, la cual corrió hacia el pelotero, donde se encontraba la propia adolescente: - Aguirra! ¡Se acercan al dragón! - ¿El dragón? – Ella preguntó – yo pensé que sólo era un truco para comprar el juego. - ¡No! ¡Existe en realidad! ¡Mira! Ellas corrieron hacia el monitor, donde en el mini mapa aparecía que sólo un paso separaba al DGA del dragón: - El dragón de Kirk jamás logró luchar con nadie – dijo Tati. - En eso te equivocas – dijo Aguirra, tomando un libro – dicen antiguas historias que sólo un hombre pudo luchar contra la bestia de Kirk. - ¿Quién? - El mago Ruffini, en plena edad Media, habría asegurado que en una de sus hazañas mágicas llegó a pelear contra él. - ¿Y cómo le fue? - Bueno – dudó – aquí dice que la pelea duró 30 segundos, no sé si ganó, o fue incinerado por tal. - Entonces por fin veremos la destrucción bastante temprana del escuadrón – dijo Tati. - Es que si le llegan a ganar al dragón, comenzaré a tomarles un poco de respeto. En Kirk, Diablero tomó una piedra del suelo: - Miren esto – dijo dándola vueltas. - ¿Qué es? – preguntó Aguirre. - Parece lava fría – explicó Garrón. - ¿Lava? ¿Pero por qué? Que yo sepa no hay un volcán cerca – le dijo Aguirre. No habría lava, pero desde la puerta que se encontraba cerca de ellos, salía mucho humo, y esto les hizo pensar que no era nada normal lo que se vendría: - ¿Por qué sale humo de allí? – preguntó Aguirre. - Quizás se olvidaron de sacar el pavo del horno – bromeó Garrón. - Oye, Garrón, creo que debes ser el primer ser humano que conozco que hace bromas en una situación como ésta – le dijo Diablero. - Yo soy así por naturaleza – le respondió. El trío completo se auxilió para poder quitar la roca que se encontraba bloqueando la entrada. Sobre la puerta se encontraba una inscripción: “Si hasta aquí has llegado, Estás cerca de la verdad encontrar, Aquí guerreros de luz han ingresado, Y ninguno ha logrado escapar. Provengo de donde la luz no alcanza, Pero de mi cuerpo el haz avanza No esperes ganar, porque mi poder es inmortal.” - Eso me dio miedo – dijo Garrón. - Poder inmortal, sí claro – subestimó la frase Aguirre. - Aguirre… yo que tú no me burlaría de la frase. - Ni que tras la roca se encontrara, no lo sé, un dragón escupefuego! Precisamente, al ingresar, al fondo, un enorme dragón dormía plácidamente. No era una buena idea despertarlo. La puerta de salida se encontraba al otro extremo de la sala y debían llegar hasta allí. Garrón tuvo la buena idea de tomar velocidad supersónica y llegar allí sin que el dragón notara, pero ignoró totalmente que los demás no tenían ese poder. Aun así, trató de abrir la puerta, pero se encontraba bloqueada. Volvió hacia ellos y les dijo: - No hay manera de abrir la puerta, debemos volver atrás y pensar una mejor idea. - Es verdad – dijo Diablero. Pero cuando quisieron salir de allí, la puerta se cerró. Debían enfrentar al dragón de Kirk, el cual de a poco se despertaba de un sueño de 700 años: - Creo que despertarlo no será una de nuestras mejores ideas – decía Aguirre, el cual estaba muy asustado. Cuando el dragón se incorporó, mostró una altura de aproximadamente 10 metros. Su cuerpo alargado y gordo era similar a un gusano pero su rostro se asemejaba al de una iguana: - Decidido, ahora mi suegra será linda – dijo Garrón – ¡corran! Pero cuando se decidieron a hacerlo, se dieron cuenta de que no había salida: - ¡Tendremos que luchar contra él! – gritó Diablero. La enorme bestia tomó a Aguirre y lo comenzó a observar de cerca. El Teniente se encontraba en un shock del susto pero al parecer, el dragón no le quería hacer daño: - ¡Que rayos! – Decía – ¡no me quiere lastimar! - ¡Perfecto! – Le gritaba Diablero desde abajo – ahora debemos derrotarlo. Eran solo Diablero y Garrón los encargados de derrotar a Kirk. El Coronel avistó a lo lejos tres espadas, llamadas Plexans: - ¡Garrón! Toma las plexans! - ¡Está bien! El soldado llegó hasta allí pero cuando intentó quitar dos espadas de la roca no lo pudo lograr: - Diablero! ¡Es imposible! - ¡Has el intento! Con una fuerza ya sobrehumana, Garrón atrapó sólo una espada y en ese momento escuchó el grito de Aguirre: - ¡Garrón! ¡La cola! El soldado se volteó a mirar su retaguardia: - No tu cola, ¡la del dragón! - Oh – se dijo – ¡qué hago! - ¡Córtasela! ¡Es la única manera! - ¿Y tú como sabes eso? - Leí novelas de caballería, ¡vamos! Garrón corrió hacia la parte trasera del dragón, y cuando tomó su espada en posición de ataque, el animal se volteó y le dio un golpe con la parte que se debería haber removido, echándolo a la pared: - ¡No! – gritaba Aguirre. Diablero corrió en ese momento a la roca y logró tomar la otra espada, corriendo hacia la bestia. En este intento, sí pudo llegar a la cola del dragón, pero no había forma de cortársela. Claro, en ese momento no habían muchos más intentos, la bestia había vencido. - No podemos seguir luchando – decía agitado Diablero – es demasiado fuerte para nosotros. Pero Garrón, observando su arma, se dio cuenta de que en el mango de la espada se encontraba un espacio hueco libre. Este poseía el mismo tamaño que las balas azules encontradas anteriormente. La idea sobrevino a él y gritó sin pensarlo: - ¡Aguirre! ¡Las balas azules! - ¿Estás seguro que puedo tomar algo en esta situación? – le respondió mientras era acariciado por el dragón, que resultó ser una dragona a fin de cuentas. - ¡Rayos! – gritó. - Garrón, yo tengo algunas en mi bolsillo, quizás te sirvan – le dijo Diablero. - ¡Pero claro! ¡Dámelas! Cuando las tuvo en la mano, las insertó en la espada. De repente, se encendió. Parecía que aquellas balas también funcionaban como baterías mágicas de un arma medieval. La levantó y aquel resplandor inundó el lugar. En seguida, corrió rumbo a la cola del ser, la cual con un corte cayó al piso. Esto hizo que la bestia muriera instantáneamente, pero no era algo muy bueno para Aguirre, el cual cayó al suelo sin protección: - Auch – decía agarrándose la espalda. - Por lo menos lo peor ya pasó – decía aliviado Diablero. Aguirra, en su castillo, destruía lo que viera por el camino: - ¡¿Cómo pudo suceder esto?! ¡No tiene sentido! - Son muy buenos – le decía Tati. - Ah! ¡Voy a prender fuego el castillo! – gritaba tomando su varita. - ¡No! ¡Cálmate! – La sujetaban Tati e Igor – no podemos reaccionar así. Ella pataleaba y gritaba: - ¡Arderá Troya! Muahahahaha!! - ¿Qué dice? – le preguntó Igor a Tatiuska. - Dice esas cosas cuando enloquece, pero enseguida se le pasa. - Todos morirán… si… vendrán por ellos y los asesinarán con cuchillos afilados, ¡no despertarán! Jajaja! - Si Aguirra, claro que si… ahora descansa… por favor… - Está bien – decía tomándose la frente – no me estoy sintiendo muy bien, iré a dormir, no me despierten. - ¿Y si pasa algo malo o bueno? – le preguntó Igor. - ¡Que no me despierten les estoy diciendo! ¡O eres sordo! - No, señora, claro que no. - Muy bien. En la dimensión, ya en el final, Aguirre intentaba abrir la puerta de salida pero no lo lograba: - Algo no está bien aquí – decía forzando. - Quizás haya una llave cerca – le dijo Garrón – déjame buscar – y quedó parado. - ¿Qué esperas? – le preguntó Diablero. - Aquí está la llave – les dijo mostrándosela. - No hagas eso muy seguido, me confunde, aunque gracias – le dijo Aguirre – ¿dónde estaba? - Dentro de la cola del dragón, no quisieran ver lo que vi allí dentro. - Wacala, no – le respondieron al mismo tiempo. Fue entonces cuando el Teniente intentó encontrar el cerrojo: - Que extraña manera de cerrar las puertas de hoy en día – decía. - Aguirre – le dijo Garrón, tomando la llave e insertándola en una piedra. - Esa es una mejor idea – y susurró – inteligente. La puerta se abrió sola, una luz los encegueció y de repente aparecieron en un lugar, que no era bien el de un principio: - ¿Dónde estamos? – se preguntó Garrón. El suelo era de nubes, y esto causó la impresión de los tres: - Genial, estamos muertos, ya lo sabía – exclamó Diablero. - Espera – le dijo Aguirre – no creo que estemos muertos. - ¿Entonces? – le preguntó Garrón. - Esto debe ser como el limbo entre la dimensión Kirk y la nuestra. Tati, quién había tomado temporalmente el lugar de la Aguirra, era mucho más condescendiente con las personas, y esto obviamente, le había otorgado la simpatía de Igor y mucho más sociabilidad. Quizás por ese motivo, las cosas le salían mejor que a su amiga, y esta no era la excepción. Sentada en la sala de operaciones, observó como de la dimensión Kirk aparecía una pequeña dimensión anexa, un bonus mejor dicho: - Que es esto… ¡Igor! - Si Tatiuska, ¿Qué sucede? - ¿Esto no te parece un poco extraño? - Sí, tengo que limpiar el tablero. - No eso, ¡mira el mapa! - Parece que Kirk tuvo un hijo – le respondió. - Si… ¿Sabes algo de eso? - Déjame ver… - dijo yendo a la biblioteca, tomando un libro. Cuando volvió, le dijo a su segunda jefa – lea esto. Tati tomó el libro y leyó: - Al parecer, hay un denominado “puente” entre la dimensión Kirk y la dimensión Warts, la nuestra. Se llama dimensión Zed y es una transición. - ¿Sería como un purgatorio? - No tanto, aunque si queremos hacer algún tipo de referencia, en términos religiosos vendría a servir como un purgatorio. - ¿Hay alguna manera de que no puedan salir de allí? - No lo sé, no hay registros de que alguien pudiera llegar a Zed. En este purgatorio, llegó hacia los tres una especie de ángel, pero de color azul intenso: - Quien osa entrad en Zed? - Nosotros – dijo Diablero. - ¿Cómo llegaron aquí? - Luchamos y vencimos al dragón de Kirk, y ahora queremos volver a nuestra dimensión. - No podrán, no hay manera de salir de Zed. - ¿Qué? – le preguntaron los tres al unísono. - Zed fue creado para albergar héroes de distintos planetas, tenemos una inmensa galería con sus fotos. Ustedes serán los próximos en ser puestos allí. - ¿Y por qué no nos sacan la fotografía y nos vamos? – le preguntó Diablero. - Porque no podemos, debemos atrapar al héroe físico y dejarlo para siempre en un cuadro viviente. - ¡Pero no deberían encarcelar a alguien del bien! - No estamos encarcelando a nadie, este lugar es un premio a los valientes, si llegaron hasta aquí, es porque deseaban compartir sus experiencias con los demás y vivir eternamente en Zed. - ¡No queremos compartir nuestras experiencias! – Le reprochó Aguirre – ¡matamos al dragón para escapar de Kirk y llegar a nuestra dimensión! - Warts… - suspiró – esa dimensión de guerras y destrucción, ustedes son afortunados por llegar aquí, un mundo de paz y tranquilidad. - ¡No queremos eso! – Le gritó Garrón – ¡queremos volver a nuestro mundo de guerras y destrucción porque es ahí donde vivimos! - Quieran o no, no hay manera de salir de aquí. Tati festejaba sentada y en silencio. Recordemos que Aguirra había dejado estipulado que no la despertaran: - Ay Aguirra, ¡te estás perdiendo lo mejor! - ¿Crees que saldrán de allí? – le preguntó Igor. - ¡Si llegaron allí por hacer el bien, serán castigados por hacer el bien! - Que irónico suena eso. En Zed, los tres disfrutaban sus últimos momentos en libertad: - ¡Lo sabía, terminamos muertos en vida, y ahora seremos encarcelados por hacer el bien! – se lamentaba Garrón. - Cálmate, encontraremos una solución a todo esto – le dijo Aguirre. - ¿Solución? ¿De qué me hablas? ¡Estamos encerrados aquí! - ¡Tiene que haber una salida, no podemos quedarnos con los brazos cruzados! - La Aguirra ganó, Aguirre, no saldremos de aquí… tenía tantos sueños. Dos personas venían caminando, conversando, y Aguirre le dijo a los dos: - ¡Silencio! - El cupo de la Tierra está disponible… - ¿Y cuáles no? - Hay muchos, los más recientes han sido de Hentrix y Aguirrus-4… Aguirre los miró a los dos: - No pueden encerrar a más de un héroe del mismo planeta, por lo tanto, a mí no me pueden encerrar. - ¡Wow, esa es una noticia excelente Aguirre! – le dijo Diablero sarcásticamente. - No me están entendiendo, al no poder encerrar a personas de Aguirrus-4, no me pueden encerrar ni a mí, ni a nadie que provenga de allí… - Entonces quieres que nos hagamos pasar por aguirresianos? - ¡Exacto! - ¿Y piensas que será fácil? ¡Alguna diferencia tiene que haber entre los terrícolas y ustedes! - Hay una sí, pero no es del físico – le respondió tomando un pequeño dije de plata del bolsillo. - ¿Qué es eso? – le preguntó Diablero. - Este dije forma parte de la cadena que nos dan a cada soldado que emigra del planeta, ¿ven? Dentro de esa pequeña joya se encontraba al frente inscripta una A y otra invertida, unida de manera vertical a ésta, el símbolo de Aguirrus-4, y detrás el número de serie, en este caso, el 2.345672-F: - Aguirra también tiene uno de éstos, su número de serie es 2.345673-F, ya que venimos en el mismo pelotón hacia la Tierra. Si, este dije se encontraba dentro de la agenda de la Aguirra, la cual estaba sobre su mesa de lectura. - Claro – dijo Garrón – es buena idea, pero hasta yo que soy de la Tierra me doy cuenta de que no pueden haber dos personas con la misma identificación. - Pero recuerda que soy Teniente burócrata en Aguirrus, por lo tanto, tengo muchos de esos – y sacó dos más de su bolsillo. - Si la plata valiera lo mismo en la Tierra… - reflexionó Diablero. - Estos números de serie serán su salvación, por nada en el mundo las pierdan, hoy, más tarde, cuando nos realicen la ceremonia de encierro, mostrarán junto a mí estos dijes, y nos dejarán ir. - Aguirre, ¿tu conocerás el personaje que fue encerrado? - No lo sé… quizás lo conozca, pasa que son muchos soldados que emigran cada día. Tati se sorprendió de esta noticia, y le dio mucha curiosidad saber si su amiga conservaba aún ese dije. Su pasado en Aguirrus-4 era algo que ella deseaba dejar ir, pero que no lo podía lograr. A la noche, los tres fueron conducidos por águilas de apariencia humana rumbo a la ceremonia, realizada en un inmenso salón iluminado por tres violetas lunas. En el estrado, vestido con una larga toga, se encontraba un ánima azul, la cual gritaba a medida que se acercaban: - Lifonatus Rispondium! Alabados sean los terrícolas! Los que destruyeron a Kirk! Las personas, cientos de deformes alienígenas y espíritus respondían al canto tenebroso: - Sindermus Catalesians! Nasumi Rigrotenius! ¡Seréis condecorados! Esto ocurría en la superficie, mientras que los hombres alados cantaban desde un punto más lejano: - Kalkarian Riposeatum! Niaslot Agraides! ¡Alabados sean aquellos que derrocaron al príncipe oscuro! - Me siento en una escena de apocalipsis – decía Garrón. - Silencio, y hagan lo que yo les diga. Tatiuska grababa todo para que Aguirra pudiera mirar después. Esto era como una película: - Diablero, Garrón, Aguirre, ¡ustedes llevaron la paz a muchos pueblos! ¡Gracias! Nakadros Serpentus! - Eh… de nada – respondieron. - Ahora, en base a nuestras reglas, pasaran la eternidad en cuadros vivientes aconsejando a los próximos que vengan, comencemos nuestro ritual… Cuando fue a hablar, Aguirre lo interrumpió: - Lamento decirle que no podemos entrar. El murmullo fue generalizado, y el anciano que presidía la ceremonia le preguntó: - ¿Por qué no? - Nosotros no somos de la Tierra. Esto causó casi los gritos de los seres que observaban. No era algo muy normal ese suceso: - Oh, eso cambia las cosas, ¡Enciérrenlos por mentirosos! Cuando los espíritus se llevaban a los tres, Aguirre gritó: - ¡Puedo probarlo! Los guardias celestiales lo soltaron y el mostró su dije: - Es de Aguirrus-4 – dijo el anciano, sorprendido. - Y ellos también lo son. Diablero y Garrón mostraron sus dijes también, y esto llevó a que el anciano dijera: - Lo que acabó de suceder es algo inusual, ya que es casi imposible que dos grupos del mismo planeta derrote a la bestia de su dimensión. ¡Sucedió por fin! - ¿Y qué harán con nosotros? - Debido a que por nuestras leyes, no podemos suplantar a los héroes mágicos, los dejaremos ir, y esparcirán su hazaña por todo Aguirrus-4. Por dentro los tres estaban aliviados, por poco quedan encerrados en una dimensión paralela. Por medio de cánticos mágicos, una luz volvió a enceguecerlos y esta vez, aparecieron en la dimensión Warts. Se encontraban dentro del jeep, tal como empezaron: - ¡Por fin! – dijo Garrón. Tati apagó la grabadora. V “El falso dije" Luego de salvarse de ser arrestado, Aguirre incorpora a su equipo a Xico, el cual acepta ayudarlo por un pacto antiguo entre ellos y por odiar tanto a la Aguirra cómo él. Intenta, por medio de su dije, comunicarse el Teniente con Aguirrus-4, pero es sorprendido por Clown Rangers que lo roban. Aguirra, luego se da cuenta del error que su escuadrón cometió. Un poco más tarde, la Aguirra se despertaba de su largo sueño. Nadie aún lograba entender como alguien con tanta maldad podía dormir plácidamente, pero ella descansaba por muchas horas. Era una villana por demás perezosa. - Tati! – gritó. - Si Aguirra – corrió su amiga a ver lo que sucedía. - Dame noticias. - Eh… si… no pasó mucha cosa interesante. - Cuéntame lo que sucedió cuando llegaron a Zed, anda, dímelo. - Como sabes de Zed? – le preguntó Tati, la cual estaba muy sorprendida. - Leí sobre ella, allí encierran a los héroes, hasta que me cae bien. - Si… ellos estuvieron allí. - Me imagino, lograron escapar con algún tipo de plan maestro. - ¡Exacto! – Le respondió - ¿Y por qué no estás enojada? - No estoy con ganas ahora – le respondió. - Si, ellos lograron escapar engañando al anciano con tres dijes de Aguirre. - Los dijes de Aguirrus? – Le preguntó sorprendida – ¿aún los tiene? - Si, y según parece, muchos, dice que tú también tienes uno. - ¡Tengo! – Le respondió – ven, acompáñame. Esta extraña fase de consideración por parte de Aguirra era muy bien aprovechada para los que trabajaban con ella. Quizás era uno de los momentos más calmos en aquél lugar. - Aquí está – dijo Aguirra, abriendo su agenda. - Es precioso… - decía Tati tomándolo. - Nos lo dan a todos los soldados que emigramos de Aguirrus, para que si hay algún problema con la identificación, podamos mostrar eso. - ¿Y tú por qué lo conservas? - No lo sé… es lindo, una preciosa joya de mi planeta, no me gusta deshacerme de ese tipo de cosas. - ¿Tienes un lado humano? – le preguntó Tati. - No, Tati, no es eso. Soy de esas personas que se alternan entre malvadas y menos malvadas. A veces tengo consideración por las personas, otras no me importa si mueren o viven. Soy así. - Te conozco. Eres bipolar. - ¡No! ¡Eso es una enfermedad grave y no tengo eso! - Si alternas emociones, eres bipolar. - ¡No! – dijo llorando. - ¿Ves? La Aguirra lloraba con la misma facilidad que emitía su risa maléfica. Se enojaba y reía casi en el mismo momento. No era una chica muy normal y eso hasta ella lo sabía. La conmovían situaciones que a las personas normales no les importaría, y no se importaba por cosas importantes. De eso se encargaba su amiga. Un ejemplo típico era que, aunque una persona sufriera, ella se importaba más por su mascota. Es por este tipo de razones lo que justifica que no era una villana típica. Mientras tanto, Aguirre, junto a su equipo, llegaba al Tíbet. El viaje había resultado tortuoso, marcado por las peligrosas carreteras ubicadas en las laderas de las montañas del Himalaya. - Sería genial haber traído toda la guarida Cahium con nosotros – decía Diablero. - Es verdad, nuestro elfo es mágico, la podía haber traído. - Alguien les da la mano y ustedes quieren el brazo entero, ¿no? – les reprochó Aguirre. - ¿Ustedes querían una guarida? - apareció Fefe en medio de un humo blanco. - Ves Aguirre, ¡Fefe es grande! - ¿Nos darás una guarida? – le preguntó Aguirre. - Mucho mejor, Fefe trajo la suya. Abrió su mano y en ella había un diminuto hongo violeta: - ¿Nos vas a volver pequeños? – le preguntó Garrón. El elfo lo miró con rostro de incertidumbre y le respondió: - Fefe no es tonto. Aguirre se detuvo a las orillas del lago Yamzho Yumco. Allí, al bajarse, Fefe mostró lo que en verdad quería hacer con ese pequeño hongo: - Fefe es nómade – explicó – Fefe lleva este hongo con él a todas partes, y lo vuelve grande cuando necesita. - Ah! – Exclamó Garrón – ¡esa era la idea! En ese preciso momento, se estaba llevando a cabo en la base norteamericana de los Marines una búsqueda intensa por Aguirre, el cual había abandonado la guerra sin autorización: - Mis registros, General, dicen que está en una zona cercana a China, más precisamente, al sudeste del Tíbet. - Perfecto Xico, serás ascendido a Teniente en cuanto lo traigas, vivo o muerto. - Y por cierto, ¿A quién están buscando? - No te lo podemos decir, pero cuando tu escuadrón lo atrape, te darás cuenta. Xico era un militar congolés, el cual se alistó en los Marines casi al mismo tiempo que lo hizo el Teniente. No ascendió al mismo tiempo que Aguirre por el hecho de que no era tan estudioso. Recordemos que Aguirre no llegó a los Marines siendo Teniente, sino como cadete. Luego ascendió hasta alcanzar el mismo grado que tenía en Aguirrus-4. Recordemos que esta situación que vivía el Teniente no era para nada normal y nunca se había visto que un soldado de su planeta se volviera loco. Con un poco de recelo, el escuadrón subió al helicóptero y comenzó a volar rumbo al Tíbet, donde se habían encontrado registros de que estaba allí el tan buscado. Xico, en su pasado, había sido subalterno de Aguirre. Nunca se imaginó que el buscado era precisamente su antiguo jefe. El DGA se encontraba ya instalado en las orillas del lago Yamzho Yumco, donde Diablero pescaba: - No existe animal que viva aquí – gruñía – con razón pasaba hambre mientras vivía aquí. Garrón estaba jugando a las cartas con Aguirre cuando sintió un ruido de helicóptero: - ¿Qué es eso? - ¡No puede ser!, ¡me encontraron! Xico, con sus auriculares, daba las órdenes al avistar una extraña residencia en la superficie: - Bajemos allí – le dio la orden al piloto. Aguirre se escondía en su cuarto y comenzaba a rezar, aunque era ateo: -¿De qué hablas? – le preguntaba Garrón. - ¡Los Marines! ¡Descubrieron mi posición! - ¡Es imposible! ¡No tienen como! - Tienen como, me había olvidado por completo del chip mental. - ¿Chip mental? - ¡Ellos nos lo instalan para rastrearnos! Diablero, pescando, miró hacia arriba y se topó con un inmenso helicóptero militar que aterrizaba a pocos metros de allí. Xico quedó dentro y seis soldados bajaron: - Buenas tardes – decía uno de ellos. - Buenas – le respondió Diablero. - Tenemos información de que ustedes están encubriendo un desertor de guerra. - ¿Desertor? ¡No! ¡Nunca! - ¿Nos permite revisar la casa? Garrón salió del hongo y les preguntó a los soldados: - ¿Que buscan? - Teniente Aguirre, no hay rastros de él hace meses, el radar mostró que se encontraba cerca de aquí. - No, no lo conozco. - ¿Ustedes viven juntos aquí? - Si… - dudó Diablero. Ellos comenzaron a reírse y sin más explicaciones se dirigieron a la casa: - ¡No, esperen! ¡La estamos limpiando! - No tomará mucho tiempo – decía uno de ellos. Aguirre ya no encontró otra salida y decidió entregarse. La puerta se abrió lentamente y de allí salió éste, con las manos en la cabeza y lanzándose al piso: - ¡Estas loco! – le gritó Garrón. - ¡Aguirre! – le gritaba Diablero. - Teniente Aguirre, está arrestado por desertar la guerra y traicionar a la patria y a los suyos. - Está bien, arréstenme. Pero cuando los militares fueron a atraparlo, dejó rodar de su mano una granada de humo, haciendo que no se pudiera ver absolutamente nada: - ¡Ataquen! – gritó. Xico vió el problema y corrió a ayudar. Nunca se imaginó que al llegar al lugar, todos los soldados se encontraran muertos: - Que rayos… - miraba aquella escena. El Garrón había asesinado a los seis en segundos – ¡que hicieron! - Falta uno – fue a matarlo el soldado musulmán. - Espera… - dijo Aguirre – ¡yo lo conozco! - ¿Aguirre? – Dijo extrañado Xico – ¿era a ti que buscaban? - ¿Lo conoces? – le preguntó Diablero. - Claro que lo conozco, fui su jefe en los Marines hace años, y ahora me viene a arrestar, que graciosa que es la vida. - No, Aguirre, yo no sabía que era a ti que querían arrestar, ¡no me lo dijeron! - ¿Y piensas que te vamos a creer? – le dijo Garrón. Xico se rascó la cabeza y lo miró: - ¿Y por qué no lo harían? - Estabas buscando a Aguirre para arrestarlo, no somos tontos. En silencio, buscó dentro de su bolsillo, sacando un dije de plata: - La identificación de Aguirrus? ¿Pero cómo? – preguntó Diablero sorprendido. - ¿Todavía conservas eso? – le preguntó Aguirre. - Claro que lo conservo. Todos los que pertenecimos al batallón de Aguirre tenemos estos dijes, que tienen un gran valor, ya que prometimos entre todos jamás traicionarnos. - Suena profundo eso – dijo Garrón. - Es verdad, recuerdo ese pacto – le dijo el Teniente – tiene razón, no está mintiendo. - Ahora Aguirre, ¿por qué desapareciste? - Xico, tu sabes lo importante que era para los Marines atrapar a Aguirra, pero mira, cuando me encontré sin escuadrón, se negaron a darme refuerzos, y soy extraterrestre pero no superpoderoso! - ¿Y tus amigos? - Este es el Coronel Diablero, antiguo Comandante en Jefe de las Fuerzas Armadas Tailandesas, fue expulsado injustamente de ese escuadrón. Y este es el Soldado Garrón, el cual se fugó de la Cárcel de Guantánamo. - ¿Guantánamo? ¿Tienes un amigo terrorista? - No soy un terrorista – le dijo Garrón – fui encarcelado injustamente por causa de la Aguirra. - Aguirra? – Preguntó Xico – ¿esa perra amargada también te atacó a ti? - Nos atacó a todos, excepto a Diablero, pero a él siempre le gustó luchar así que se añadió sin motivos personales. - Tuviste suerte – le dijo Xico – a todos de alguna manera nos afectó su existencia. - ¿Que te hizo a ti? - Secuestró a mi familia, y aprendió algo de vudú con mi tío. - Ah, eso es… extrañamente malvado – le dijo Garrón. - No dirías eso si todas las mañanas amaneces con ronchas en el… - ¡No sigas! – Le gritó Aguirre – debemos saber algo más sobre ella, tanto yo como Garrón o Xico estamos muy ciegos, necesitamos información sobre Aguirra. - Pero que tú no la conocías de Aguirrus? - La conozco desde que vinimos a la Tierra, antes ni siquiera la veía, es más, la conocía pero nunca le di mucha importancia. - Creo que ella resultó ser más atractiva siendo malvada que buena. - No lo sé, quizás ella nunca lo fue – le respondió Aguirre a Garrón – quizás fue producto de su trastornada mente. - Es lo que tenemos que averiguar – dijo Xico – ¿pero donde y cómo? - Espera, creo que se dónde buscar - dijo Aguirre. - ¿En serio? – le preguntó Diablero – ¿donde? - Hay un registro de archivos que me entregaron al venir a la Tierra sobre ella. Al parecer era una chica complicada hasta antes de ser derivada a este planeta. - ¿Y si era complicada, por qué la enviaron? - Es lo que nunca logré entender, según parece, fue por castigo, y me enviaron para controlarla. - Si, ya vemos que hiciste un excelente trabajo – bromeó Garrón. - Es una hechicera, desapareció en un momento y nunca más supe de ella. - ¿Tienes algún tipo de comunicación con Aguirrus-4 aún? – le preguntó Xico. - No lo sé, hace mucho tiempo que no lo hago, pero este dije también servía para comunicarse con ellos en caso de urgencia. - ¿Sólo el tuyo funciona? – le preguntó Diablero. - Si, ya que es el único en funcionamiento, los de ustedes aún no están registrados. De su mochila, sacó una minicomputadora, la cual no era conocida por los demás, ya que en la Tierra aún no se había creado ese tipo de artefactos: - ¡Que rayos es eso! – preguntaron los tres asustados. - Una computadora… ¿De qué tienen miedo? – les preguntó Aguirre. - ¿Computadora? ¡Lo que conocemos como tal es una inmensa caja que archiva datos! – le explicó Diablero. - Que tonto que soy – decía tomándose la cabeza – no me había dado cuenta. En mi planeta, la tecnología es mucho más avanzada que la de ustedes, digamos que les llevamos unos mil o dos mil años de ventaja. - Oh… pero avísanos antes de mostrar algo de esa magnitud. - Está bien, se los prometo. Él tomó su dije, lo abrió y sacó un pequeño conector, el cual conectó a su computadora. Luego de unos minutos logró establecer contacto con su planeta: - ¿Aguirrus a Helios, escuchan? – preguntaba una voz un poco difusa. Cuando Aguirre intentó responder, cientos de payasos comenzaron a bajar en paracaídas. Los cuatro se levantaron y se pusieron en posición de batalla. Pero ellos, lo único que querían era precisamente su dije: - Chicos – decía el Teniente – hagan lo que hagan, no permitan que se lleven este dije, es quizás nuestra única esperanza. - ¿Y para qué lo quieres además de comunicarte e identificarte? – le preguntó Xico. - Allí está toda mi información personal, mis alergias, miedos y debilidades. No querrían saber lo que sucedería si la Aguirra se apodera de eso. - ¡Hay que luchar! – gritó Diablero. Los payasos comenzaron a disparar al mismo tiempo que ellos lo hacían. Una batalla se formó mientras la Aguirra decía a su monitor: - ¡Ese dije, ahora es mío! Muahahahaha! - ¿Para que lo quieres? – le preguntó Tati. - Dentro de ese dije, se encuentra todo nuestro historial médico y psicológico. El que tenga esa joya también tendrá en sus manos al dueño, ¡y por fin podremos destruirlo! - Parece una buena idea – dijo su amiga. La sangrienta lucha había llegado casi a su fin, si no fuera por uno de los Clowns que tomó un dije y salió corriendo: - ¡No! – gritaba Diablero y Garrón. - ¡Aguirre! ¡Está corriendo! – Le gritaba Xico – ¡se lleva tu información! - No lo creas – le respondió. - Pero… si no se lo llevó ¿Dónde está? - Digamos que… contigo. - ¿Conmigo? ¿Por qué? - Eras el más cercano a mí en la pelea, por eso tomé tu dije y lo intercambié por el mío. Así pude luchar más tranquilo, sabiendo que ellos lo buscaban en mí. Cuando lo tomó, no se dio cuenta de que no era mi número de serie. - La Aguirra hervirá cuando se dé cuenta de que no tomaron el verdadero. - Como dice Diablero, la Aguirra me la suda. Cuando ella recibió la noticia de que habían robado con éxito el dije de Aguirre, festejó como si los hubiera destruido a los tres al mismo tiempo: - Wii!! ¡Por fin tengo lo que buscaba! ¡Viva yo! - Te salió el plan, bien Aguirra! - ¡Si! ¡Estoy muy feliz! ¡Acondicionador para todos! - Prefiero agua – le respondió Tati. - Aburrida… Una hora más tarde, Caramsian, el búho, llegó al Castillo. Aguirra lo esperaba ansiosa: - Tati! Llegó Caramsian! - ¡Qué bien! Veamos que nos trajo… En sus patas, traía el dije de Aguirre, al menos eso pensaban ellas. La villana nunca se percató de que el número de serie no continuaba el suyo, lo cual era muy importante. Su deseo de saber que tenía dentro aquel artefacto era muy superior a cualquier cautela: - Vamos a ver Tati, instala el dije. Ella lo conectó a la computadora y quedaron esperando por algún tipo de información. Además, pedía contraseña. - Déjame recordarla… - pensó – ah, claro. La ingresó y comenzaron a surgir miles de datos en segundos: - Tiene que leer el archivo – decía. Pero no paraba de leer, hasta que en un momento apareció en pantalla “Disco vacío”. Tati no la quería mirar, pero cuando lo hizo, Aguirra se encontraba con los ojos totalmente rojos, y chillando los dientes: - Igor, ven – le ordenó. - Si señora. - Sabes lo que sucederá, ¿verdad? - Si – respondió agachando la cabeza. En el momento en que ella fue a tomar la silla para golpearlo, fue detenida por Tatiuska: - No Aguirra! ¡No es momento de romper las cosas! Además, no tenemos mucho presupuesto… - Está bien – dijo calmándose, por tres segundos – Ahhh!! ¡Por qué! ¡Que pésima suerte tengo! ¡Nada me sale bien! - Vamos amiga no seas pesimista… - ¡Soy pesimista! ¡Me encanta ser pesimista! Sabes, me hubiera encantado crear dulcesitos para cumpleaños pero no… ¡soy una villana, una desastrosa y pésima villana! - Si te hace sentir mejor, eres la peor persona que conozco – le dijo Igor. - Gracias Igor, pero eso no solucionará mi torpeza. - Pensaremos algo mejor – le dijo Tati – quizás no debas ser la responsable directa de su destrucción. Esto despertó una idea fantástica en Aguirra, que pasó de tener las manos en su rostro a saltar: - Tati, ¿te acuerdas de la historia de los indígenas pigmeos caníbales en el Amazonas? - No, no recuerdo. - Te la contaré… ©

No hay comentarios:

Publicar un comentario